sábado, enero 21, 2012

Tres poemas de Álvaro de Campos



TRES POEMAS DE ÁLVARO DE CAMPOS



(SONETO) II

La Praça da Figueira1 de mañana,
cuando el día es de sol (como ocurre
siempre en Lisboa), nunca en mí olvida,
aunque sea una memoria vana.

¡Tanta cosa hay más interesante
que aquel lugar lógico y plebeyo!
Pero amo aquello, incluso así.. ¿Sé yo
por qué lo amo? No importa nada... ¡Adelante!

Esto de las sensaciones sólo vale la pena
si la gente no se pone a mirar hacia ellas.
Ninguna de ellas es en mí serena...

Por lo demás, nada en mí es cierto y está
de acuerdo consigo mismo. Las horas bellas
son las de los demás, o las que no hay.

Londres (unos cinco meses antes del Opiario)
Octubre de 1913

(SONETO) II

A Praça da Figueira de manhã,
Quando o dia é de sol (como acontece
Sempre em Lisboa), nunca em mim esquece,
Embora seja uma memória vã.

Há tanta coisa mais interessante
Que aquele lugar lógico e plebeu!
Mas amo aquilo, mesmo assim... Sei eu
Porque o amo? Não importa nada... Adiante!

Isto de sensações só vale a pena
Se a gente se não põe a olhar para elas.
Nenhuma d'elas em mim é serena...

De resto, nada em mim é certo e está
De acordo consigo próprio. As horas belas
São as dos outros, ou as que não há.

Londres (uns cinco meses antes do Opiário)
Outubro 1913



1  La Praça da Figueira, ubicada en la zona de Lisboa destruida por el terremoto de 1755, fue convertida, bajo el diseño del Marques de Pombal, en una plaza de mercado abierto en 1885 y sirvió como tal hasta 1949.
10-1913
Pessoa, Fernando. Poemas de Álvaro de Campos. - Edição Crítica de Fernando Pessoa, Série Minor. Lisboa. Imprensa Nacional - Casa da Moeda. 1992. pp. 25-26 (Edição de Cleonice Berardinelli)









(Cesário, que consiguió)

Cesário1, que consiguió
ver claro, ver simple, ver puro,
ver al mundo en sus cosas,
ser un mirar con un alma detrás, y ¡qué vida tan breve!
Niñito lisboeta2 del Universo.
¡Bendito seas con todo cuanto está a la vista!
Adorno, en mi corazón, la Praça da Figueira para ti
y no hay rincón que no vea para ti, unos rincones de sus rincones.


6-4-1930

(Cesário, que conseguiu)

Cesário, que conseguiu
Ver claro, ver simples, ver puro,
Ver o mundo nas suas cousas,
Ser um olhar com uma alma por trás, e que vida tão breve!
Criança alfacinha do Universo.
Bendita sejas com tudo quanto está à vista!
Enfeito, no meu coração, a Praça da Figueira para ti
E não há recanto que não veja para ti, uns recantos dos seus recantos.


6-4-1930



1  Cesário Verde. Poeta portugués. Nacido el 25 de febrero de 1855, murió, tuberculoso el 19 de julio de 1886.

2  El diminutivo de alface (lechuga), alfacinha, es utilizado como sinónimo del gentilicio de los nacidos en Lisboa.
6-4-1930
Pessoa, Fernando. Poemas de Álvaro de Campos. - Edição Crítica de Fernando Pessoa, Série Minor. Lisboa. Imprensa Nacional - Casa da Moeda. 1992. pp. 247-248 (Edição de Cleonice Berardinelli)







(Al volante del Chevrolet por el camino de Sintra)

Al volante del Chevrolet por el camino de Sintra1,
al luar2 y al sueño, en el camino desierto,
solitario conduzco, conduzco casi lentamente, y un poco
me parece, o me esfuerzo un poco para que me parezca,
que sigo por otro camino, por otro sueño, por otro mundo,
que sigo sin que haya una Lisboa dejada atrás o una Sintra por alcanzar,
que sigo, y, ¿qué más habrá en el seguir salvo el no parar sino seguir?

Pasaré la noche en Sintra pues no podré pasarla en Lisboa,
mas, cuando llegue a Sintra, tendré pena de no haberme quedado en Lisboa.
Siempre esta inquietud sin propósito, sin nexo, sin consecuencia,
siempre, siempre, siempre,
esta angustia excesiva del espíritu por ninguna cosa,
en la carretera de Sintra, o en la calle del sueño, o en la calle de la vida...

Maleable a mis movimientos subconscientes del volante,
corre debajo mío, conmigo, el automóvil que me prestaron.
Sonrío por el símbolo, al pensar en él y al virar a la derecha.
¡Cuántas cosas que me prestaron conduzco como mías!
¡Cuánto me prestaron, ay de mí!, ¡lo soy yo mismo!

A la izquierda la cabaña —sí, la cabaña— a la orilla del camino.
A la derecha el campo abierto, con la luna a lo lejos.
El automóvil, que hace poco parecía darme libertad,
es ahora una cosa en la que estoy encerrado,
que sólo puedo conducir si estoy encerrado en él,
que sólo domino si en él me incluyo, si él me incluye.
A la izquierda, allá detrás de la modesta cabaña, más que modesta.
La vida allí debe ser feliz sólo porque no es la mía.
Si alguien me vio desde la ventana de la cabaña, soñará: Aquél es feliz.
Tal vez, para el niño que espía a través de los vidrios de la ventana del piso de arriba,
me quedé (con el automóvil prestado) como un sueño, un hada real.
Tal vez para la muchacha que miró, al oír el motor, por la ventana de la cocina
hacia el pavimento térreo,
soy una especie del príncipe de todo corazón de muchacha,
y ella me miraba de soslayo, a través de los vidrios, hasta la curva en que me perdí.
¿Dejaré sueños tras de mí, o es el automóvil el que los deja?
¿Yo, conductor del automóvil prestado, o el automóvil prestado que conduzco?

En el camino de Sintra, al luar, en la tristeza, ante los campos y la noche,
conduciendo el Chevrolet prestado desconsoladamente,
Me pierdo en el camino futuro, me sumo en la distancia que alcanzo,
y, en un deseo terrible, súbito, violento, inconcebible,
Acelero...
Pero mi corazón se quedó en el monte de piedras del que me alejé al verlo sin verlo,
a la puerta de la cabaña,
mi corazón vacío,
mi corazón insatisfecho,
mi corazón más humano que yo, más exacto que la vida.

En el camino de Sintra, cerca de la medianoche, al luar, al volante,
en el camino de Sintra, qué cansancio de la propia imaginación,
en el camino de Sintra, cada vez más cerca de Sintra,
en el camino de Sintra, cada vez menos cerca de mí...

5-5-1928

(Ao volante do Chevrolet pela estrada de Sintra)

Ao volante do Chevrolet pela estrada de Sintra,
Ao luar e ao sonho, na estrada deserta,
Sozinho guio, guio quase devagar, e um pouco
Me parece, ou me forço um pouco para que me pareça,
Que sigo por outra estrada, por outro sonho, por outro mundo,
Que sigo sem haver Lisboa deixada ou Sintra a que ir ter,
Que sigo, e que mais haverá em seguir senão não parar mas seguir?

Vou passar a noite a Sintra por não poder passá-la em Lisboa,
Mas, quando chegar a Sintra, terei pena de não ter ficado em Lisboa.
Sempre esta inquietação sem propósito, sem nexo, sem consequência,
Sempre, sempre, sempre,
Esta angústia excessiva do espírito por coisa nenhuma,
Na estrada de Sintra, ou na estrada do sonho, ou na estrada da vida...

Maleável aos meus movimentos subconscientes do volante,
Galga sob mim comigo o automóvel que me emprestaram.
Sorrio do símbolo, ao pensar nele, e ao virar à direita.
Em quantas coisas que me emprestaram guio como minhas!
Quanto me emprestaram, ai de mim!, eu próprio sou!

À esquerda o casebre — sim, o casebre — à beira da estrada.
À direita o campo aberto, com a lua ao longe.
O automóvel, que parecia há pouco dar-me liberdade,
É agora uma coisa onde estou fechado,
Que só posso conduzir se nele estiver fechado,
Que só domino se me incluir nele, se ele me incluir a mim.
À esquerda lá para trás o casebre modesto, mais que modesto.
A vida ali deve ser feliz, só porque não é a minha.
Se alguém me viu da janela do casebre, sonhará: Aquele é que é feliz.
Talvez à criança espreitando pelos vidros da janela do andar que está em cima
Fiquei (com o automóvel emprestado) como um sonho, uma fada real.
Talvez à rapariga que olhou, ouvindo o motor, pela janela da cozinha
No pavimento térreo,
Sou qualquer coisa do príncipe de todo o coração de rapariga,
E ela me olhará de esguelha, pelos vidros, até à curva em que me perdi.
Deixarei sonhos atrás de mim, ou é o automóvel que os deixa?
Eu, guiador do automóvel emprestado, ou o automóvel emprestado que eu guio?

Na estrada de Sintra ao luar, na tristeza, ante os campos e a noite,
Guiando o Chevrolet emprestado desconsoladamente,
Perco-me na estrada futura, sumo-me na distância que alcanço,
E, num desejo terrível, súbito, violento, inconcebível,
Acelero...
Mas o meu coração ficou no monte de pedras, de que me desviei ao vê-lo sem vê-lo,
À porta do casebre,
O meu coração vazio,
O meu coração insatisfeito,
O meu coração mais humano do que eu, mais exacto que a vida.

Na estrada de Sintra, perto da meia-noite, ao luar, ao volante,
Na estrada de Sintra, que cansaço da própria imaginação,
Na estrada de Sintra, cada vez mais perto de Sintra,
Na estrada de Sintra, cada vez menos perto de mim...

5-5-1928



1  Sintra es una localidad en las afueras de Lisboa.

2  La palabra luar que podría verterse por “claro de luna” reviste una gran importancia en la obra pessoana y representa, además de la claridad que da a los parajes desiertos la luna durante las noches, un estado del alma cercano ―pero no idéntico― a la ‘saudade’; y, además, suele tener connotaciones relacionadas con la presencia indefinida del misterio (tal vez por efecto residual de antiguos cultos lunares de la península ibérica).
5-5-1928
Pessoa, Fernando. Poemas de Álvaro de Campos. - Edição Crítica de Fernando Pessoa, Série Minor. Lisboa. Imprensa Nacional - Casa da Moeda. 1992. pp. 144-145   (Edição de Cleonice Berardinelli)





2 comments:

zUmO dE pOeSíA dijo...

Uno de los poemas más elocuentes de Pessoa. Lo releo y es como si lo leyera por primera vez. Como siempre, gracias.

Carlos Ciro dijo...

Lo mismo me pasa. Cada vez que lo leo o lo traduzco, lo disfruto como la primera vez que lo leí.