domingo, junio 01, 2014

Hora absurda - Fernando Pessoa


El poema "Hora absurda", compuesto durante la que muchos llaman la "fase militante" del modernismo portugués, el 4 de julio de 1913, y publicado por primera vez en el primer número de la revista Exílio (Revista mensal. Artes, letras e sciencias), en abril de 1916 —época intermedia entre Orpheu (1915) y Portugal Futurista (1917)— se encuentra, en la producción ortónima de Pessoa, como equidistante de la reiteración casi opresiva de imágenes que exhibe el poema "Paulares / Impresiones del crepúsculo" (Pauis / Impressões do crepûsculo) —poema fundacional del "paulismo"— y del "interseccionismo" ya desarrollado y consciente del poema "Lluvia oblicua" (Chuva oblíqua). 

Portada de la mencionada revista Exílio, No. I. Lisboa, Abril de 1916, donde apareciera publicado por primera vez el poema "Hora absurda" de Fernando Pessoa.



Hora absurda

Tu silencio es una nave con todas las velas pandas...
Blandas, las brisas juegan en los banderines, tu sonrisa...
Y tu sonrisa en tu silencio es las escaleras y los peldaños
con que más alto me finjo y al pie de cualquier paraíso...

Mi corazón es un ánfora que cae y que se parte...
Tu silencio lo recoge y lo guarda, partido, en un canto...
Mi idea de tí es un cadáver que el mar trajo a la playa... y, entre tanto,
tú eres la tela irreal en que yerro en colores mi arte...

Abre todas las puertas y que el viento barra la idea
que tenemos de que un humo perfuma de ocio los salones...
Mi alma es una caverna henchida por la marea llena,
y mi idea de soñarte, una caravana de histriones...

Llueve oro pálido, pero no, no allá afuera... Es en mí... Soy la Hora,
Y la Hora es de asombros y toda ella escombros de ella...
En mi atención hay una viuda pobre que nunca llora...
En mi cielo interior nunca hubo una única estrella...

Hoy el cielo es pesado como la idea de no alcanzar nunca un puerto...
La llovizna es vacía... La Hora sabe a haber* sido...
¡Ah, no existir cualquier cosa como lechos para las naves!... Absorto
en su alejarse de sí, tu mirar es una maldición sin sentido...

Hechas están todas mis horas de jaspe negro,
mis ansias todas talladas en un mármol que no existe,
no es alegría ni dolor este dolor con que me alegro
y mi bondad inversa no es ni buena ni mala...

Los haces de los líctores se abrieron a la vera de los caminos...
Los pendones de las victorias medievales tampoco llegaron a las cruzadas...
Infolios útiles pusieron entre las piedras de las barricadas...
Y, en las vías férreas, la hierba creció con vigores dañinos...

¡Ah, cuán vieja esta hora!... ¡Y todas las naves zarparon!
En la playa, sólo un cabo muerto y los restos de una vela hablan
de lo Lejano, de las horas del Sur, de allí de donde nuestros sueños arrancan
aquella angustia de soñar más que incluso para sí callan...

El palacio está en ruinas... Duele ver, en el parque, el abandono
de la fuente sin surtidor... Nadie levanta su mirada del sendero
y siente saudades de sí frente a aquel lugar-otoño...
Este paisaje es un manuscrito con la frase más bella cortada...

La loca partió todos los candelabros glabros,
con cartas rasgadas, muchas, ensució de humano el lago...
Y es mi alma aquella luz que no habrá ya en los candelabros...
Y mis ansias, brisas fortuitas, ¿qué querrán del aciago lago?

¿Por qué me aflijo y me enfermo?... Desnudas al luar tiéndense
todas las ninfas... El sol llegó y ya habían partido
Tu silencio que me arrulla es la idea de naufragar,
y la idea del sonar de tu voz, la lira de un Apolo fingido...

No quedan ya colas de pavos, todas ojos, en los jardines de otrora...
Incluso las sombras están más tristes... Todavía
hay rastros sobre el suelo de vestes de hadas (parece), y llora aún
algo similar a un eco de pasos en la alameda que justo aquí termina...

Todos los ocasos se fundieron en mi alma...
Frescas fueron, bajo mis pies fríos, las hierbas de todos los prados...
Se secó en tu mirar la idea de creerte calma
y ver yo esto en ti es un puerto sin navíos...

A un tiempo se irguieron todos los remos... Sobre el oro de los trigales
cruzó una saudade de no ser el mar... Frente
a mi trono de alienación hay gestos con piedras raras...
Una lámpara que se apagó es ya mi alma y aún está caliente...

¡Ah, y tu silencio es un perfil de cumbre al sol!
Todas las princesas sintieron el seno oprimido...
Desde la última ventana del castillo sólo un girasol
se ve, y soñar que haya otros pone brumas en nuestro sentido...

¡Ser nosotros y no sernos más!... ¡Oh, leones nacidos en la jaula!...
Repique de campanas más allá, en el Otro Valle... ¿Cercano?...
El colegio arde y un niño quedó encerrado en el aula...
¿Por qué no ha de ser Norte el Sur?... ¿Qué ha sido descubierto?

Y yo deliro... Pauso de repente en lo que pienso... Te miro
y tu silencio es una ceguera mía... Te miro y sueño...
Hay cosas rojas y cobras[i] en el modo en que te medito
y la idea de ti sabe al recuerdo de un sabor repulsivo...

¿Para qué no tener desprecio por ti? ¿Por qué no perderlo?...
¡Ah, deja que yo te ignore!... Tu silencio es un abanico
—un abanico cerrado—, un abanico que abierto sería tan bello, tan bello,
que es más bello no abrirlo, para que no caiga en pecado la Hora...

Heláronse todas las manos cruzadas sobre todos los pechos...
Marchitáronse más flores de las que había en el jardín...
Mi amarte es una catedral de silencios elegidos,
y mis sueños, una escalinata sin comienzo pero con fin...

Alguien entrará por la puerta... Se siente al aire sonreír...
Viudas tejedoras gozan las mortájas de vírgenes que tejen...
Ah, tu tedio es una estatua de una mujer que habrá de llegar,
el perfume que los crisantemos tendrían, si lo tuviesen...

Es preciso destruir el propósito de todos los puentes,
vestir de alienación los paisajes de todas las tierras,
enderezar a la fuerza la curva de los horizontes,
y, por tener que vivir, gemir como un brusco ruido de sierras...

¡Hay tan poca gente que ame los paisajes que no existen!
Saber que el mismo mundo aún existirá mañana, ¡cuánto nos desalegra!...
Que no sea mi oír tu silencio unas nubes que atristen
tu sonrisa, ángel exiliado, y tu tedio, aureola negra...

Suave,como tener madre y hermanas, la rica tarde desciende...
No llueve ya, y el vasto cielo es una gran sonrisa imperfecta...
Mi consciencia de tener consciencia de ti es una plegaria,
y mi saberte sonriendo, una flor marchita en mi pecho...

¡Ah, si fuésemos dos figuras en un lejano vitral!...
¡Ah, si fuésemos los dos colores de una bandera de gloria!...
¡Acéfala estatua puesta en un rincón, polvorienta pila bautismal,
pedón de vencidos con este lema escrito en su centro: Victoria!

¿Qué es lo que me tortura?... Si hasta tu rostro en calma
sólo me llena de tedios y de opios de ocios horrendos...
No lo sé...Yo soy un loco que extraña su propia alma...
Yo fui amado en efigie en un país más allá de los sueños...


[4-7-1913]

Hora Absurda // O teu silêncio é uma nau com todas as velas pandas... / Brandas, as brisas brincam nas flâmulas, teu sorriso... / E o teu sorriso no teu silêncio é as escadas e as andas / Com que me finjo mais alto e ao pé de qualquer paraíso... // Meu coração é uma ânfora que cai e que se parte... / O teu silêncio recolhe-o e guarda-o, partido, a um canto... / Minha ideia de ti é um cadáver que o mar traz à praia..., e entanto / Tu és a tela irreal em que erro em cor a minha arte... // Abre todas as portas e que o vento varra a ideia / Que temos de que um fumo perfuma de ócio os salões... / Minha alma é uma caverna enchida p'la maré cheia, / E a minha ideia de te sonhar uma caravana de histriões... // Chove ouro baço, mas não no lá-fora... É em mim... Sou a Hora, / E a Hora é de assombros e toda ela escombros dela... / Na minha atenção há uma viúva pobre que nunca chora... / No meu céu interior nunca houve uma única estrela... // Hoje o céu é pesado como a ideia de nunca chegar a um porto... / A chuva miúda é vazia... A Hora sabe a ter sido... / Não haver qualquer cousa como leitos para as naus!... Absorto / Em se alhear de si, teu olhar é uma praga sem sentido... // Todas as minhas horas são feitas de jaspe negro, / Minhas ânsias todas talhadas num mármore que não há, / Não é alegria nem dor esta dor com que me alegro, / E a minha bondade inversa não é nem boa nem má... // Os feixes dos lictores abriram-se à beira dos caminhos... / Os pendões das vitórias medievais nem chegaram às cruzadas... / Puseram in-fólios úteis entre as pedras das barricadas... / E a erva cresceu nas vias-férreas com viços daninhos... // Ah, como esta hora é velha!... E todas as naus partiram! / Na praia só um cabo morto e uns restos de vela falam / Do Longe, das horas do Sul, de onde os nossos sonhos tiram / Aquela angústia de sonhar mais que até para si calam... // O palácio está em ruínas... Dói ver no parque o abandono / Da fonte sem repuxo... Ninguém ergue o olhar da estrada / E sente saudades de si ante aquele lugar-outono... / Esta paisagem é um manuscrito com a frase mais bela cortada... // A doida partiu todos os candelabros glabros, / Sujou de humano o lago com cartas rasgadas, muitas... / E a minha alma é aquela luz que não mais haverá nos candelabros... / E que querem ao lago aziago minhas ânsias, brisas fortuitas?... // Porque me aflijo e me enfermo?... Deitam-se nuas ao luar / Todas as ninfas... Vejo o sol e já tinham partido... / O teu silêncio que me embala é a ideia de naufragar, / E a ideia de a tua voz soar a lira dum Apolo fingido... // Já não há caudas de pavões todas olhos nos jardins de outrora... / As próprias sombras estão mais tristes... Ainda / Há rastros de vestes de aias (parece) no chão, e ainda chora / Um como que eco de passos pela alameda que eis finda... // Todos os casos fundiram-se na minha alma... / As relvas de todos os prados foram frescas sob meus pés frios... / Secou em teu olhar a ideia de te julgares calma, / E eu ver isso em ti é um porto sem navios... // Ergueram-se a um tempo todos os remos... Pelo ouro das searas / Passou uma saudade de não serem o mar... Em frente / Ao meu trono de alheamento há gestos com pedras raras... / Minha alma é uma lâmpada que se apagou e ainda está quente... // Ah, e o teu silêncio é um perfil de píncaro ao sol! / Todas as princesas sentiram o seio oprimido... / Da última janela do castelo só um girassol / Se vê, e o sonhar que há outros põe brumas no nosso sentido... // Sermos, e não sermos mais!... Ó leões nascidos na jaula!... / Repique de sinos para além, no Outro Vale... Perto?... / Arde o colégio e uma criança ficou fechada na aula... / Por que não há-de ser o Norte o Sul?... O que está descoberto?... // E eu deliro... De repente pauso no que penso... Fito-te / E o teu silêncio é uma cegueira minha... Fito-te e sonho... / Há coisas rubras e cobras no modo como medito-te, / E a tua ideia sabe à lembrança de um sabor de medonho... // Para que não ter por ti desprezo? Por que não perdê-lo?... / Ah, deixa que eu te ignore... O teu silêncio é um leque — / Um leque fechado, um leque que aberto seria tão belo, tão belo, / Mas mais belo é não o abrir, para que a Hora não peque… // Gelaram todas as mãos cruzadas sobre todos os peitos... / Murcharam mais flores do que as que havia no jardim... / O meu amar-te é uma catedral de silêncios eleitos, / E os meus sonhos uma escada sem princípio mas com fim... // Alguém vai entrar pela porta... Sente-se o ar sorrir... / Tecedeiras viúvas gozam as mortalhas de virgens que tecem... / Ah, o teu tédio é uma estátua de uma mulher que há de vir, / O perfume que os crisântemos teriam, se o tivessem... // É preciso destruir o propósito de todas as pontes, / Vestir de alheamento as paisagens de todas as terras, / Endireitar à força a curva dos horizontes, / E gemer por ter de viver, como um ruído brusco de serras... // Há tão pouca gente que ame as paisagens que não existem!... / Saber que continuará a haver o mesmo mundo amanhã – como nos desalegra !... / Que o meu ouvir o teu silêncio não seja nuvens que atristem / O teu sorriso, anjo exilado, e o teu tédio, auréola negra... // Suave, como ter mãe e irmãs, a tarde rica desce... / Não chove já, e o vasto céu é um grande sorriso imperfeito... / A minha consciência de ter consciência de ti é uma prece, / E o meu saber-te a sorrir é uma flor murcha a meu peito... // Ah, se fôssemos duas figuras num longínquo vitral!... / Ah, se fôssemos as duas cores de uma bandeira de glória!... / Estátua acéfala posta a um canto, poeirenta pia baptismal, / Pendão de vencidos tendo escrito ao centro este lema — Vitória! // O que é que me tortura?... Se até a tua face calma / Só me enche de tédios e de ópios de ócios medonhos... / Não sei... Eu sou um doido que estranha a sua própria alma... / Eu fui amado em efígie num país para além dos sonhos...

Fuente: Pessoa, Fernando. Poesía 1902-1917, edição de Manuela Parreira da Silva, Ana María Freitas e Madalena Dine. Lisboa, Ed. Assírio & Alvim, 2005. También disponible en línea en diversos lugares como: arquivopessoa.net.


En español, han aparecido publicadas diversas versiones en antologías traducidas por José Antonio Llardent, Miguel Ángel Viqueira, Marcela Testadiferro, Marcelo Cohen y Miguel Ángel Flórez; y posiblemente, algunas otras que escapan a mi memoria y conocimiento, además de las publicadas en otros medios.





[i] La palabra portuguesa 'cobras' tiene el doble sentido del adjetivo “cobrizas” (del color del cobre) y del sustantivo plural “cobras” (ofidios); sin duda, Pessoa juega aquí con esta dualidad.