domingo, agosto 07, 2011

Faustino Antunes - Essay on intuition

 

Faustino Antunes

Essay on Intuition

ENSAYO SOBRE LA INTUICIÓN

      Otra idea muy estúpida que encuentro común a mucha gente es que el hecho y la intuición son idénticos. En otras palabras, se sostiene ampliamente que el poeta que crea, el mercader o el diplomático que manipulan y la dama de alta sociedad que juega con los sentimientos de los hombres, hacen uso de la misma facultad. Un frenólogo diría que es esa la facultad de la naturaleza humana. El error es perdonable, pero sigue siendo un error. Una consideración más minuciosa nos mostrará la diferencia. La facultad creativa del carácter (del poeta) está compuesta de imaginación e introspección; un poeta es egoísta, construye otros de sí mismo. Falstaff es Shakespeare tan verdaderamente como Pudita, Iago, Othello y Desdémona son Shakespeare.
      Las grandes mentes conocen a la humanidad a través del conocimiento de sí mismas, mientras las pequeñas mentes precisan tener la experiencia de conocer hombres.
      Considerando profundamente la existencia, no podemos más que aceptar, fuera del hecho de que vivimos, casi nada más puede saberse. Recorremos un laberinto tan intrincado que se nos excusará preguntar si existimos. Es cierto, tal vez lo más lejos que pueda alcanzar el pensamiento son estas líneas de Shakespeare:

      Somos de la materia
      de que están hechos los sueños, y nuestra corta vida
      con un sueño acabará.

      Mientras más profundo va el pensamiento, más desgarra nuestro corazón la evidencia de la extrañeza de la vida. Somos seres de la intuición y si sabemos es porque sabemos que sabemos. Ni un millón de Haeckels podrían rebatir esto.

ESSAY ON INTUITION

      Another very stupid notion that I find common to most people is that fact and intuition are identical. In other words, it is widely held that the poet who creates, the merchant and the diplomat who manoeuvre, the society woman who plays on the feelings of men, make use of the same faculty. A phrenologist will tell you it is the faculty of human-nature. The mistake is excusable, but it is a mistake none the less. A more minute consideration will show to us the difference. The creative faculty of character (of the poet) is composed of imagination and introspection; a poet is selfish, he builds others from himself. Falstaff is Shakespeare as truly as Pudita, Iago, Othello, Desdemona are Shakespeare.
      Great minds know mankind through knowledge of themselves, whereas little minds must have experience to know men.
      Considering existence deeply, we cannot but allow that, outside the fact that we live, scarcely anything can be known. We wander in such a maze that we may be excused asking if we exist. True, the further thought doth go, are those lines of Shakespeare:

      We are such stuff
      As dreams are made on, and our little life
      Is rounded with a sleep.

      The deeper thought goes, the more our hearts are torn as the strangeness of life is evident. We are beings of intuition, and if we know, it is because we know that we know. Not a million Haeckels can contest that.

s.d.
Pessoa por Conhecer - Textos para um Novo Mapa . Teresa Rita Lopes. Lisboa: Estampa, 1990. - 194.

jueves, agosto 04, 2011

Fragmento de un horóscopo - Fernando Pessoa

 

Fernando Pessoa

Horóscopo - Indicação preliminar

Indicación preliminar.

      El ascendente, significador de la personalidad, es Libra, signo que está regido por Venus. Este planeta está en Virgo, que es su signo de caída, y oprimido por la oposición de Júpiter y por las cuadraturas de Urano y de Plutón. Está, en compensación, en sextil (que es buen aspecto) con el Medium Coeli. Todo esto quiere decir lo siguiente: (1) que la personalidad, contaminada íntimamente por una cierta depresión, es diversamente disarmónica en sí misma, dado que su sensibilidad superior (Júpiter) está en conflicto con su sensibilidad inferior (Venus); que su íntima esencia es contrariada, por un lado por deseos o aspiraciones (Urano) que exceden su poder de realización, de otro lado, por otras causas que no es posible determinar, visto que de Plutón (que las expresa) aún no hay, por haber sido recientemente descubierto, suficiente conocimiento astrológico. (2) que lo que salva y compensa esta desarmonía íntima es la armonía entre el individuo y el ambiente, armonía que el Destino le fortalece y fortalecerá, para equilibrio de cuanto sufra en sí mismo. Nunca debe buscar la soledad: su defensa contra la guerra civil es, al contrario de lo que normalmente sucede en las naciones, la paz y la unión con los otros.
      El Medium Coeli, significador de la vida social, está regido por la Luna, que se encuentra en Libra (donde es peregrina, esto es, no está mal ni bien), fuera de conjunción con el Ascendente, y, aparte de no tener ningún aspecto malo, cuenta con la suprema defensa de estar en conjunción con la Cabeza del Dragón, que es el escudo abstracto del Destino. Esto tan solo dice, de otra manera, como en otro lenguaje, lo que ya dijera el Ascendente.
      Viva dos vidas separadas, sin que de cualquiera de ellas se transborde nada para la otra —una, la propia, lo más posiblemente cerrada; otra, la social, amplia y sin recelo—. ¡Pero que la primera no intente invadir la segunda! Quien es dos tiene que ser dos.
      Más tarde se dirá más. Los pormenores, como todo, tienen su hora.

Indicação Preliminar.

      O Ascendente, significador da personalidade, é Balança, signo que é regido por Vénus. Este planeta está em Virgem, que é o seu signo de queda, e opresso pela oposição de Júpiter e pelas quadraturas de Úrano e de Plutão. Está, em compensação, em sextil (que é bom aspecto) com o Medium Coeli. Tudo isto quer dizer o seguinte: (1) Que a personalidade, eivada intimamente de uma certa depressão, é diversamente desarmónica em si mesma, pois que a sua sensibilidade superior (Júpiter) está em conflito com a sua sensibilidade inferior (Vénus); que a sua íntima essência é contrariada, por um lado por desejos ou aspirações (Úrano) que excedem o seu poder de realização, por outro lado por outras causas que não é possível determinar, visto que de Plutão (que as exprime) não há ainda, por há pouco descoberto, suficiente conhecimento astrológico. (2) Que o que salva e compensa esta desarmonia íntima é a harmonia entre o indivíduo e o ambiente, harmonia que o Destino lhe fornece e fornecerá, para equilíbrio do que sofra em si mesmo. Nunca deve buscar a solidão: a sua defesa contra a guerra civil é, ao contrário do que normalmente sucede nas nações, a paz e a união com os outros.
      O Medium Coeli, significador da vida social, é regido pela Lua, que está em Balança (onde é peregrina; isto é, não está mal nem bem), fora de conjunção com o Ascendente, e, aparte não ter qualquer mau aspecto, com a suprema defesa de estar conjunta com a Cabeça do Dragão, que é o escudo abstracto do Destino. Isto vem apenas dizer, de outra maneira, como que em outra linguagem, o que o Ascendente já dissera.
      Viva duas vidas separadas, sem que de qualquer d’elas se transborde para a outra — uma, a própria, fechada o mais possível; outra, a social, ampla e sem receio. Mas que a primeira não tente invadir a segunda! Quem é dois tem que ser dois.
      Mais tarde se dirá mais. O pormenor, como tudo, tem a sua hora.

11-9-1934
Pessoa Inédito. Fernando Pessoa. (Orientação, coordenação e prefácio de Teresa Rita Lopes). Lisboa: Livros Horizonte, 1993. - 41.

martes, julio 26, 2011

Estética da abdicação - Fernando Pessoa

 

Fernando Pessoa

Estética da abdicação / Estética de la abdicación

      Conformarse es someterse y vencer es conformarse, ser vencido. Por eso toda victoria es una grosería. Los vencedores pierden siempre todas las cualidades de desánimo por el presente que los llevaron a la lucha y les dieron la victoria. Quedan satisfechos, y satisfecho sólo puede estar aquel que se conforma, que no tiene la mentalidad del vencedor. Vence solo quien nunca lo consigue, Sólo es fuerte quien se desanima siempre. Lo mejor y más digno es abdicar. El imperio supremo es aquel del Emperador que abdica de toda vida normal, de los demás hombres en quienes el cuidado de la supremacía no pesa como un fardo de joyas.

      Conformar-se é submeter-se e vencer é conformar-se, ser vencido. Por isso toda a vitória é uma grosseria. Os vencedores perdem sempre todas as qualidades de desalento com o presente que os levaram à luta que lhes deu a vitória. Ficam satisfeitos, e satisfeito só pode estar aquele que se conforma, que não tem a mentalidade do vencedor. Vence só quem nunca consegue. Só é forte quem desanima sempre. O melhor e o mais púrpura é abdicar. O império supremo é o do Imperador que abdica de toda a vida normal, dos outros homens, em quem o cuidado da supremacia não pesa como um fardo de jóias.

1913?
Páginas Íntimas e de Auto-Interpretação. Fernando Pessoa. (Textos estabelecidos e prefaciados por Georg Rudolf Lind e Jacinto do Prado Coelho.) Lisboa: Ática, 1966. - 63.

lunes, julio 25, 2011

J'enrage. - Fernando Pessoa

 

Fernando Pessoa

J'enrage. Je voudrais tout comprendre, tout savoir,

       Estoy furioso. Quisiera comprenderlo todo, saberlo todo, hacerlo todo, decirlo todo, disfrutarlo todo, sufrirlo todo, sí, sufrirlo todo. Pero nada de esto, nada, nada. Me quedo abrumado por la idea de lo que me gustaría tener, poder, sentir. Mi vida es un sueño inmenso. A veces pienso que querría cometer todos los crímenes, probar todos los vicios, todos los actos bellos, crueles, grandes; beber la belleza, la verdad, el bien de un solo trago y luego dormir para siempre sobre el seno calmo de la Nada.
      Déjadme llorar.

      J'enrage. Je voudrais tout comprendre, tout savoir, tout accomplir, tout dire, tout jouir, tout souffrir, oui, tout souffrir. Mais rien de cela, rien, rien. Je reste anéanti par l'idée de ce que je voudrais avoir, pouvoir, sentir. Ma vie est un rêve immense. Je pense quelquefois que je voudrais commettre tous les crimes, tous les vices, tous les actes belles , cruels, grands, boire le beau, le vrai, le bien d'un trait et m'endormir ensuite pour toujours sur le sein calme du Néant.
      Laissez-moi pleurer.

s.d.
Pessoa por Conhecer - Textos para um Novo Mapa . Teresa Rita Lopes. Lisboa: Estampa, 1990. - 15.

sábado, julio 23, 2011

Life is not of the nature of light - Fernando Pessoa

 

Fernando Pessoa

Life is not of the nature of light

La vida no es de la naturaleza de la luz sino de la naturaleza del fuego.
Vida, la eterna agonía del suspenso, una horrible nada.
Un sentimiento que es locura del pensamiento.

Life is not of the nature of light but of the nature of fire.
Life, the eternal agony of suspense, a horrible nothing.
A feeling that is madness of thought.

s.d.
Textos Filosóficos . Vol. I. Fernando Pessoa. (Estabelecidos e prefaciados por António de Pina Coelho.) Lisboa: Ática, 1968 (imp. 1993). - 176.

jueves, julio 21, 2011

A arte livra-nos ilusoriamente da sordidez de sermos - Bernardo Soares

 

Bernardo Soares

A arte livra-nos ilusoriamente da sordidez de sermos

      El arte nos libra ilusoriamente de la sordidez de ser. Mientras sentimos los males y las injurias de Hamlet, príncipe de Dinamarca, no sentimos los nuestros —viles porque son nuestros y viles porque son viles.
      El amor, el sueño, las drogas y los tóxicos son formas elementales del arte, o, mejor, producen el mismo efecto que él. Pero amor, sueño y drogas comportan cada uno su desilusión. El amor harta o desilusiona. Del sueño se despierta y, mientras se durmió, no se vivió. Las drogas se pagan con la ruina de aquel mismo cuerpo al que sirvieron para estimular. Pero en el arte no hay desilusión porque la ilusión fue admitida desde el principio. Del arte no hay despertar, porque en él no dormimos, aunque soñemos. En el arte no hay tributo o multa que paguemos por haberlo gozado.
      El placer que él nos ofrece, dado que en cierto modo no es nuestro, no debemos pagarlo o arrepentirnos de él.
      Por arte se entiende todo cuanto nos deleita sin ser nuestro —la huella del paso, la sonrisa para otros, el poniente, el poema, el universo objetivo.—
      Poseer es perder. Sentir sin poseer es guardar, porque es extraer de una cosa su esencia.

      A arte livra-nos ilusoriamente da sordidez de sermos. Enquanto sentimos os males e as injúrias de Hamlet, príncipe da Dinamarca, não sentimos os nossos — vis porque são nossos e vis porque são vis.
      O amor, o sono, as drogas e intoxicantes, são formas elementares da arte, ou, antes, de produzir o mesmo efeito que ela. Mas amor, sono, e drogas tem cada um a sua desilusão. O amor farta ou desilude. Do sono desperta-se, e, quando se dormiu, não se viveu. As drogas pagam-se com a ruína de aquele mesmo físico que serviram de estimular. Mas na arte não há desilusão porque a ilusão foi admitida desde o princípio. Da arte não há despertar, porque nela não dormimos, embora sonhássemos. Na arte não há tributo ou multa que paguemos por ter gozado dela.
      O prazer que ela nos oferece, como em certo modo não é nosso, não temos nós que pagá-lo ou que arrepender-nos dele.
Por arte entende-se tudo que nos delicia sem que seja nosso — o rasto da passagem, o sorriso dado a outrem, o poente, o poema, o universo objectivo.
      Possuir é perder. Sentir sem possuir é guardar, porque é extrair de uma coisa a sua essência.

s.d.
Livro do Desassossego por Bernardo Soares. Vol.II. Fernando Pessoa. (Recolha e transcrição dos textos de Maria Aliete Galhoz e Teresa Sobral Cunha. Prefácio e Organização de Jacinto do Prado Coelho.) Lisboa: Ática, 1982. - 518.

"Fase confessional", segundo António Quadros (org.) in Livro do Desassossego, por Bernardo Soares, Vol II. Fernando Pessoa. Mem Martins: Europa-América, 1986.

lunes, julio 18, 2011

O milionário e os diamantes - Nota para um thriller - Fernando Pessoa

 

Fernando Pessoa

O milionário e os diamantes

El millonario y los diamantes

Nota para un thriller disparatado o para un filme

X., EL MILLONARIO quien ha vivido en una especie de retiro en algún lugar en el interior de América, viene a Europa con su fabulosa colección de diamantes (? o de valores semejantes). Se sabe que viajará en el "Cantabria", y diversas cuadrillas de estafadores1 están acechándolo, de suerte que los pasajes son (casi con certeza) comprados por estos estafadores o por sus "representantes". Entretanto, también va a bordo un detective profesional. El navío parte, y una muchachita perteneciente a una de las cuadrillas de estafadores comienza una calurosa amistad con el millonario.
      (..) Se suceden diversos incidentes complicados. El cuarto de X es invadido y asaltado dos (?) veces. Después acontece un tercer asalto, y es requisada la cabina de una persona aparentemente insignificante, Y. La extrema consternación de X se hace evidente para las cuadrillas —hay dos o tres— que los diamantes se encontraban en el cuarto de Y y que alguien los había robado.
      Las cuadrillas comienzan entonces a trabajar unas contra otras y ocurren diversos incidentes complicados. (Tal puede ser tornado interesante a través de una secuencia animada, lo que, si esto llegase a ser un filme, podría visualizarse fácilmente.)
      Cuando el navío llega a Southampton (?), la policía ya está avisada y requisa minuciosamente a todos y a todo (???), pero no logra encontrar nada. Entonces se le ocurre a las cuadrillas que el robo pudo haber sido llevado a cabo por el detective, que X desconocía, y el propio millonario dice que así lo desea.
      (...) (Al final, X nunca estuvo a bordo ni tampoco sus diamantes. El pseudo-X era, en realidad, el detective A, de la agencia Srpyer's, y consigue apresar las cuadrillas enteras al llegar a Europa. El documento que firmó como siendo X es inválido, dado que él no es X.)

O milionário e os diamantes

Nota para um thriller disparatado ou para um filme

X., O MILIONÁRIO que tem vivido numa espécie de retiro algures no interior da América, vem à Europa com a sua fabulosa coleção de diamantes (? ou de valores semelhantes). Sabe-se que vai viajar no "Cantabria", e diversas quadrilhas de vigaristas estão no seu encalço, de modo que as passagens são (quase de certeza) compradas por estes vigaristas ou pelos seus "representantes". No entanto, vai também a bordo um detetive profissional. O navio parte, e uma rapariga pertenecente a uma das quadrilhas de vigaristas enceta uma calorosa amizade com o milionário.
      (...) Seguem-se diversos incientes complicados. O quarto de X é invadido e assaltado duas (?) vezes. Depois acontece um terceiro assalto, sendo revistada a cabine de uma pessoa aparentemente insignificante, Y. A extrema consternação de X perante o sucedido torna evidente para as quadrilhas —há duas ou três— que os diamantes se encontravam no quarto de Y e que alguém os tinha apanhado.
      As quadrilhas começam então a trabalhar umas contra as outras e acontecem diversos incidentes complicados. (Tal pode ser tornado interessante através de uma sequência animada, o que, se isto vier a ser um filme, pode facilmente ser visualizado.)
      Quando o navio chega a Southampton (?). a polícia já está avisada e revista minuciosamente todos e tudo (???), mas nada é encontrado. Já ocorrera às quadrilhas que o roubo podia ter sido levado a cabo pelo detetive, que X desconhecia, e o próprio milionário diz que assim o deseja.
      (...) (No final, X nunca esteve a bordo e os diamantes nunca estiveram a bordo. O pseudo-X era na realidade o detetive A, da agência Spryer's, e consegue pernder as quadrilhas inteiras ao chegar à Europa. O documento que assinou como sendo X é inválido, dado que ele não é X.)

1Los "vigaristas" son estafadores que usan para su engaño lo que los portuguesas llaman "el cuento del Vicario (Vigário)" a cuyo origen hace referencia un conocido fragmento pessoano de ficción.

s.d.
Revista Única (publicada no Jornal Expresso. 16-17/07/2011. (Puede descargarse aquí gracias al maravilloso blog de Nuno Hipólito, Um Fernando Pessoa)

domingo, julio 17, 2011

Ecolalia interior - Fernando Pessoa

 

Fernando Pessoa

Ecolalia interior

ECOLALIA INTERIOR

      El portugués es capaz de todo, siempre que no le exijan serlo. Somos un gran pueblo de héroes aplazados. Le rompemos la cara a todos los ausentes, conquistamos con gracia a todas las mujeres soñadas y despertamos alegres, tarde en la mañana, con el recuerdo colorido de los grandes hechos por cumplir. Cada uno de nosotros tiene un Quinto Imperio en el barrio, y un auto-D. Sebastião en la serie fotográfica de Grandela. En medio de (todo) esto la República no se cumple.
      Somos hoy una gota de tinta seca en la mano que escribió Imperio de izquierda a derecha de la geografía.
      Es difícil distinguir si nuestro pasado es acaso nuestro futuro, o si acaso nuestro futuro será nuestro pasado. Cantamos el Fado en serio en el intervalo indefinido. El lirismo, se dice, es la cualidad máxima de la raza. Cada vez cantamos un fado más.
      El Atlántico continúa en su lugar, incluso simbólicamente. Y hay siempre Imperio desde que haya Emperador.

ECOLALIA INTERIOR

      O português é capaz de tudo, logo que não lhe exijam que o seja. Somos um grande povo de heróis adiados. Partimos a cara a todos os ausentes, conquistamos de graça todas as mulheres sonhadas, e acordamos alegres, de manhã tarde, com a recordação colorida dos grandes feitos por cumprir. Cada um de nós tem um Quinto Império no bairro, e um auto-D.Sebastião em série fotográfica do Grandela. No meio disto (tudo), a República não acaba.
      Somos hoje um pingo de tinta seca da mão que escreveu Império da esquerda à direita da geografia.
É difícil distinguir se o nosso passado é que é o nosso futuro, ou se o nosso futuro é que é o nosso passado. Cantamos o fado a sério no intervalo indefinido. O lirismo, diz-se, é a qualidade máxima da raça. Cada vez cantamos mais um fado.
      O Atlântico continua no seu lugar, até simbolicamente. E há sempre Império desde que haja Imperador.

s.d.
Sobre Portugal - Introdução ao Problema Nacional. Fernando Pessoa (Recolha de textos de Maria Isabel Rocheta e Maria Paula Morão. Introdução organizada por Joel Serrão.) Lisboa: Ática, 1979. - 3.

sábado, julio 16, 2011

Un fragmento de Raphael Baldaya

 

Raphael Baldaya

Os místicos, os esotéricos...

      Los místicos, los esotéricos y otra gente así, han sido siempre faltos de lucidez, de grandeza intelectual y de espíritu comprensivo y claro. Lucifer —quien trae la luz— es el nombre del símbolo de la Negación: la lucidez de la negación. Adoremos a Satanás en su obra, la Materia.

      El raciocinio es antidivino por naturaleza. Por eso debemos amar y cultivar el raciocinio.

      Os místicos, os esotéricos, e outra gente assim, têm sido sempre, notavelmente, falhos de lucidez, de grandeza intelectual e de espírito compreensivo e claro. Lúcifer - o que traz a luz é o nome do símbolo da Negação: a lucidez é a negação. Adoremos a Satanás na sua obra, a Matéria.

      O Raciocínio é anti-divino por natureza. Por isso devemos amar e cultivar o Raciocínio.

s.d. Pessoa por Conhecer - Textos para um Novo Mapa . Teresa Rita Lopes. Lisboa: Estampa, 1990. - 326.

lunes, julio 11, 2011

A imoralidade das biografias. Fernando Pessoa

 

Fernando Pessoa

A imoralidade das biografias

      LA INMORALIDAD DE LAS BIOGRAFÍAS
      El genio, el crimen y la locura provienen, por igual, de una anormalidad, representan, de diferentes maneras, una inadaptación al medio. Si descansan, sin embargo, sobre un idéntico fondo degenerativo, si el genio constituye, por sí mismo, una especie nosográfica —son cosas que no sabemos—. Manifestación especial de epilepsia intermitente, como quiso con precipitación Lombroso, o manifestación de una diátesis degenerativa, lo cierto es que el genio constituye, por naturaleza, una anormalidad.
      Sucede que la imaginación simplista de las multitudes no desentraña por instinto aquello que en la personalidad del hombre superior constituye, o representa, superioridad, y lo que en ella resulta de espontánea y justa. En la personalidad todo está ligado, se interrelaciona. No podemos "separar", salvo por un proceso analítico que trunca conscientemente la realidad, en la personalidad de Goethe, por ejemplo, la modalidad específica de su creación literaria y la tendencia alucinatoria que, como se sabe, obliga a la autoscopia1 externa; ni podemos separar en al personalidad de Shakespeare la intuición dramática de, por ejemplo, la inversión sexual.
      La gran multitud de los inferiores fascinados, incapaces de crear y de (...), faltos de inhibición y de sentido crítico, en la imposibilidad de (...), con razonable éxito (salvo un declarado [?] delirio de grandeza) imitar los poemas de Musset o los de Verlaine, pueden, a pesar de ello, con mayor aproximación, plagiar al primero el vaso [?] gigantesco con que se embriagaba cotidianamente, y al segundo su incurable vagabundería y amoralidad de degenerado típico. Quien no puede hacer versos como Baudelaire puede, sin embargo, teñir sus cabellos de verde. La práctica de la pederastia, aunque no siempre sea fácil [...], es sin duda más fácil que la producción de una segunda "Salomé".
      Las biografías de los grandes hombres causan hoy, en sentido inverso, lo que entre los hombres del Renacimiento causó la lectura de Plutarco. Crean un mimetismo [...].

      A IMORALIDADE DAS BIOGRAFIAS
      O génio, o crime e a loucura provêm, por igual, de uma anormalidade, representam, de diferentes maneiras, uma inadaptação ao meio. Se repousam, porém, sobre um igual fundo degenerativo, se o génio constitui, de por si, uma espécie nosográfica — são coisas que não sabemos. Manifestação especial de epilepsia larvada, como precipitadamente quis Lombroso, ou manifestação de uma diatese degenerativa, o certo é que o génio é, de sua natureza, uma anormalidade.
      Sucede que a imaginação simplista das multidões não destrinça de instinto entre o que na personalidade do homem superior constitui, ou representa, superioridade, e o que nela resulta de concomitante, ou intercorrente, anormalidade psíquica, patentemente tal. No fundo, esta intuição espontânea é justa. Na personalidade tudo se liga? se interrelaciona. Não podemos “separar”, salvo por um processo analítico conscientemente truncador da realidade, na personalidade de Goethe, por exemplo, a modalidade específica da sua ideação literária e a tendência alucinativa que, como se sabe, obriga a autoscopia externa; nem podemos separar na personalidade de Shakespeare a intuição dramática de, por ex., a inversão sexual.
      A grande multidão de fascinados inferiores, incapazes de criar e de (...), falhos de inibição e de senso crítico, na impossibilidade de (... ), com razoável êxito (salvo um declarado [?] delírio de grandezas) imitar os poemas de Musset ou os de Verlaine, podem contudo, com maior aproximação, plagiar ao primeiro o copo [?] gigantesco com que se embriagava quotidianamente, e ao segundo a sua incurável vagabundagem e amoralidade de degenerado típico. Quem não pode fazer versos como Baudelaire pode, porém, tingir os cabelos de verde. A prática da pederastia, embora nem sempre fácil [...], é contudo mais fácil que a produção de uma segunda “Salomé”.
      As biografias dos grandes homens realizam hoje, no sentido inverso, o que entre os homens da Renascença realizou a leitura de Plutarco. Criam um mimetismo [...].

1913?
Páginas de Estética e de Teoria Literárias. Fernando Pessoa. (Textos estabelecidos e prefaciados por Georg Rudolf Lind e Jacinto do Prado Coelho.) Lisboa: Ática, 1966. - 133.

sábado, julio 09, 2011

No jardim de Epícteto - Fernando Pessoa

 

Fernando Pessoa

No jardim de Epícteto / En el jardín de Epicteto

      Lo apacible de ver estos frutos y la frescura que sale de estos árboles frondosos, son —dice el Maestro—, otras de las tantas invitaciones de la naturaleza para que nos entreguemos a las mejores delicias de un pensamiento sereno. No existe mejor hora para meditar la vida, aunque sea inútil, de cuanto habita en el hecho de que, sin estar el sol en el ocaso, ya la tarde pierde el calor del día y parece que sopla el viento de la frescura de los campos.
      Son muchas las cuestiones en que nos ocupamos, y grande es el tiempo que perdemos en descubrir que nada podemos hacer con ellas. Ponerlas aparte, como quien pasa sin querer ver, es tarea inmensa para el hombre y pequeña para dios; nos entregamos a ellas como a un cualquiera que fuese a vender lo que no tenemos.
      Sosiégate conmigo a la sombra de los árboles verdes en los que no pesa más pensamiento que el secarse de sus hojas cuando llega el otoño, o el clavarse de sus múltiples dedos erguidos hacia el cielo frío del invierno pasajero. Sosiégate conmigo y medita cuán inútil es el esfuerzo, la voluntad extraña; y la misma meditación que hacemos, tampoco es más inútil que el esfuerzo ni más nuestro que la voluntad. Medita también en que una vida que no quiere nada no puede pesar en el discurrir de las cosas, pero que una vida que lo quiere todo tampoco puede pesar en tal discurrir pues no puede obtenerlo todo. Y obtener menos que el todo no es digno de las almas que piden la verdad.
      Más vale, hijos, la sombra de un árbol que el conocimiento de la verdad, porque la sombra del árbol es verdadera mientras dura, y el conocimiento de la verdad es falso en el conocimiento mismo. Más vale, para un justo entendimiento, el verdor de las hojas que un gran pensamiento, pues el verdor de las hojas puedes mostrarlo a los otros y nunca podrás mostrar a los otros un gran pensamiento. Nacemos sin saber hablar y morimos sin haber sabido decirlo. Nuestra vida se pasa entre el silencio de quien está callado y el silencio de quien no fue entendido, y en torno a esto, como una abeja al rededor de un lugar sin flores, se detiene incógnito un destino inútil.

      O aprazível de ver estes frutos, e a frescura que sai d'estas árvores frondosas, são — disse o Mestre, — outras tantas solicitações da natureza para que nos entreguemos às melhores delícias de um pensamento sereno. Não há melhor hora para a meditação da vida, ainda que seja inútil, do que esta em que, sem que o sol esteja no ocaso, já a tarde perde o calor do dia e parece que sobe vento do arrefecimento dos campos.
      São muitas as questões em que nos ocupamos, e grande é o tempo que perdemos em descobrir que nada podemos nelas. Pô-las de parte, como quem passa sem querer ver, fora muito para homem e pouco para deus; entregarmo-nos a elas, como a um senhor, fora vender o que não temos.
      Sossegai comigo à sombra das árvores verdes, em que não pesa mais pensamento que o secarem-lhes as folhas quando vem o outono, ou esticarem múltiplos dedos hirtos para o céu frio do inverno passageiro. Sossegai comigo e meditai quanto o esforço é inútil, a vontade estranha; e a própria meditação, que fazemos, nem mais útil que o esforço, nem mais nossa que a vontade. Meditai também que uma vida que não quer nada não pode pesar no decurso das coisas, mas uma vida que quer tudo também não pode pesar no decurso das coisas, porque não pode obter tudo. E o obter menos que tudo não é digno das almas que solicitam a verdade.
      Mais vale, filhos, a sombra de uma árvore do que o conhecimento da verdade, porque a sombra da árvore é verdadeira enquanto dura, e o conhecimento da verdade é falso no próprio conhecimento. Mais vale, para um justo entendimento, o verdor das folhas que um grande pensamento, pois o verdor das folhas, podeis mostrá-lo aos outros, e nunca podereis mostrar aos outros um grande pensamento. Nascemos sem saber falar e morremos sem ter sabido dizer. Passa-se nossa vida entre o silêncio de quem está calado e o silêncio de quem não foi entendido, e em torno d'isto, como uma abelha em torno de onde não há flores, paira incógnito um inútil destino.

s.d.
Pessoa Inédito. Fernando Pessoa. (Orientação, coordenação e prefácio de Teresa Rita Lopes). Lisboa: Livros Horizonte, 1993. - 272.

miércoles, julio 06, 2011

La obra de arte - Fernando Pessoa

 

Fernando Pessoa

A obra da arte

      La obra de arte, fundamentalmente, consiste en una interpretación objetivada de una impresión subjetiva.
      Difiere así, de la ciencia, que es una interpretación subjetivada de una impresión objetiva, y de la filosofía, que es, o procura ser, una interpretación objetivada de una impresión objetiva.
      La ciencia busca las leyes particulares de las cosas —esto es, aquellas leyes que rigen los asuntos u objetos que pertenecen a aquél tipo de cosas que se están observando. La ciencia es una subjetivación, porque es una conclusión que se extrae de un determinado número de fenómenos. La ciencia es una cosa real y, dentro de sus límites, cierta, porque es una subjetivación de una impresión objetiva, y es, así, un equilibrio.
      La filosofía trabajará siempre en vano porque procura objetivar...
      En el arte debemos distinguir tres partes. El arte envuelve una impresión o idea, sobre la cual se trabaja; envuelve una interpretación. Y tiene que obedecer a las leyes que rigen toda objetivación. ¿Cuáles son, en cada caso, esas leyes?
      En primer lugar, ¿cuáles son las leyes que rigen la impresión de una idea? Estas leyes son tres. Encierran, como puede verse, el elemento subjetivo del arte. 1º Una impresión o idea es perfecta y típica en la proporción en que es característica del individuo que la tiene, esto es, en la proporción en que en esa idea se revelan: a) el temperamento del individuo, b) la totalidad del temperamento del individuo (tanto como sea posible del temperamento del individuo), c) el temperamento del individuo tan armónicamente dispuesto dentro de sí como sea posible (analyse this last element)1. De este modo es cómo el elemento de la subjetividad del arte envuelve la originalidad como criterio objetivo (note if this expression is good)2.
      En segundo lugar, ¿cuáles son las leyes que rigen la objetivación? Veamos qué quiere decir objetivación. La palabra implica la reducción de la idea, o sea lo que fuere (que ha de ser idea, y no objeto, para que se pueda decir que se objetiva) a la categoría de objeto; esto quiere decir, a la categoría de cosa análoga a otra cualquiera que habita el mundo exterior. Son tres las leyes que rigen la determinación del objetivo como tal. 1º. Un objeto ha de ser limitado, distinto a otros objetos. 2º. Un objeto está compuesto de partes formando un todo esas partes existen en ese todo en virtud de la armonización de las partes en la formación de ese todo. 3º. (Debe ser 1º.)3. Cada objeto es real en la proporción en que puede ser observado en diferencias grandes por el mayor número posible de personas. Tenemos, pues, como leyes de la objetivación: 1º. (3rd above)4 La ley de la verosimilitud. 2º. (1st above)5 La ley de la no-repetición. 3º. (2nd above)6 La ley de la relación de interdependencia entre el todo y las partes de las que está compuesto. (La ley de unidad armónica. Porque, cuando observamos un todo, lo observamos a través de las partes que lo componen, pero, viéndolas de golpe, encadenadas a la idea de ese todo).
      En tercer lugar. Cuáles son las leyes que rigen la interpretación. Es claro que por interpretación se entiende apenas un grado —el más alto— del fenómeno asociado con la sensación de una cosa cualquiera. Esas leyes también son tres: 1º. Una interpretación es tanto más completa cuanto mas conserva todas las relaciones del objeto interpretado, su armonía especial y tan típica como es posible. 2º. Una interpretación es tanto más perfecta cuanto más consigue hacer olvidar el objeto interpretado en la propia interpretación. (Es así como una traducción es perfecta cuando parece no ser una traducción) (...).

       A obra de arte, fundamentalmente, consiste numa interpretação objectivada duma impressão subjectiva.
      Difere, assim, da ciência, que é uma interpretação subjectivada de uma impressão objectiva, e da filosofia, que é, ou procura ser, uma interpretação objectivada de uma impressão objectiva.
      A ciência procura as leis particulares das coisas — isto é, aquelas leis que regem os assuntos ou objectos que pertencem àquele tipo de coisas que se estão observando. A ciência é uma subjectivação, porque é uma conclusão que se tira de determinado número de fenómenos. A ciência é uma coisa real e, dentro dos seus limites, certa, porque é uma subjectivação de uma impressão objectiva, e é, assim, um equilíbrio.
      A filosofia trabalhará sempre em vão porque procura objectivar. . .
      Na arte temos a distinguir três partes. A arte envolve uma impressão, ou ideia, sobre a qual se trabalha; envolve uma interpretação dessa ideia ou impressão de modo a torná-la artística; e envolve, finalmente, uma coisa de que se tem essa impressão ou ideia.
      A arte obedece, portanto, a três critérios exteriores. Tem que obedecer às leis que regem toda a impressão ou ideia. Tem que obedecer às leis que regem toda a interpretação. E tem que obedecer às leis que regem toda a objectivação. Quais são, em cada caso, essas leis?
      Primeiro, quais as leis que regem a impressão ou ideia? Estas leis são três. Abrangem, como se vê, o elemento subjectivo da arte. 1.°: Uma impressão ou ideia é perfeita e típica na proporção em que é característica do indivíduo que a tem, isto é, na proporção em que nessa ideia se revela a) o temperamento do indivíduo, b) todo o temperamento do indivíduo (o mais possível do temperamento do indivíduo), c) o temperamento do indivíduo o mais harmonicamente disposto dentro de si que seja possível ( analyse this last element ) . De modo que o elemento subjectividade da arte envolve a originalidade como critério objectivo ( note if this expression is good ) .
      Segundo, quais as leis que regem a objectivação? Vejamos o que quer dizer objectivação. A palavra implica a redução da ideia, ou seja o que for (que há-de ser ideia, e não objecto, para poder dizer-se que se objectiva) à categoria de objecto; isto quer dizer, à categoria de coisa análoga a qualquer coisa que ocupa o mundo exterior. São três as leis que regem a determinação do objectivo como tal. 1.º Um objecto tem de ser limitado, distinto dos outros objectos. 2.º Um objecto é composto de partes formando um todo; essas partes existem nesse todo em virtude de serem partes de tal todo, nem se consideram partes senão em relação a tal todo; e o todo, podendo ser considerado como uma coisa independentemente das partes, só o pode ser em virtude da harmonização das partes na formação desse todo. 3.º (deve ser 1.º). Cada objecto é real na proporção em que pode ser observado em diferenças grandes por o maior número possível de pessoas. Temos, pois, como leis da objectivação: 1.º (3rd above) A lei da verosimilhança. 2.º ( 1st above) A lei da não-repetição. 3.º (2nd above) A lei da relação de interdependência entre o todo e as partes de que é composto. (A lei da unidade harmónica. Porque, quando observamos um todo, observamo-lo através das partes que o compõem, mas, vendo-as de golpe, somamo-las de chofre na ideia desse todo).
      Terceiro. Quais são as leis que regem a interpretação. Entende-se que por interpretação se entende apenas um alto grau — o mais alto — do fenómeno envolvido na sensação de qualquer coisa. Essas leis são também três: 1.° Uma interpretação é tanto mais completa quanto mais conserva todas as relações do objecto interpretado, a sua harmonia especial e típica tanto quanto possível. 2.° Uma interpretação é tanto mais perfeita quanto mais consegue fazer esquecer o objecto interpretado na própria interpretação. (É assim que uma tradução é perfeita quando parece não ser uma tradução) (...).

1 En inglés en el original.
2 En inglés en el original.
3 Nota para corrección del texto final trasponiendo el orden de los enunciados.
4 En inglés en el original.
5 En inglés en el original.
6 En inglés en el original.

1916?
Páginas Íntimas e de Auto-Interpretação. Fernando Pessoa. (Textos estabelecidos e prefaciados por Georg Rudolf Lind e Jacinto do Prado Coelho.) Lisboa: Ática, 1966. - 177.

martes, julio 05, 2011

Carta ao Prior dos Mártires - Fernando Pessoa, 1907

Un fragmento de carta de Fernando Pessoa, escrito a sus quince años, en el que se entrevé la existencia de una tal vez más larga diatriba del joven Pessoa en el momento de su separación intelectual con la Iglesia Católica.

Fernando Pessoa

Carta al Prior de la parroquia de Los Mártires1

       Exmo. Sr.

       Me dirijo a Vuestra Excelencia para hacerle una pregunta que tal vez no sea de las más agradables, pero que, por cierto, me resulta necesaria y me es pedida por mi conciencia.
       Fui bautizado en la feligresía de esa iglesia, —el (...) de Julio de 1888— habiendo yo nacido el 13 de Junio del mismo año
       Ahora bien, el bautismo sobreentiende, según pienso, la integración de su víctima en la Iglesia Católica y obliga al individuo, cuando aún es un ente irracional, a hacer parte de una asociación demasiado humana con teorías con las cuales su raciocinio más viril tal vez no quiera concordar.
       Conmigo ocurrió esto: la iglesia católica, poderosa y estúpida, irracional y decrépita, sustentando la vieja hipótesis de un Dios creador, eminentemente estúpido y eminentemente malo a juzgar por el (...)

       Exmo. Sr.

      Venho dirigir-me a V. Exa. para lhe fazer uma pergunta que talvez não seja das mais agradáveis, mas que, contudo, se me torna necessária e que me é pedida pela minha consciência.
      Fui baptizado nessa freguesia nessa igreja, - em (...) de Julho de 1888 - tendo nascido em 13 de Junho do mesmo ano.
      Ora o baptismo subentende, segundo penso, a integração da vítima na Igreja Católica, obriga o indivíduo, quando ainda ente irracional, a fazer parte duma associação demasiado humana com as teorias da qual o seu raciocínio mais viril talvez não queira concordar.
      Comigo aconteceu isto: a igreja católica, poderosa e estúpida, irracional e decrépita, sustentando a velha hipótese dum Deus criador, eminentemente estúpido e eminentemente mau a julgar pelo (…)

1Basílica de Nossa Senhora dos Mártires *Convento de São Francisco da Cidade (actual Faculdade de Belas Artes de Lisboa).

1907
Pessoa por Conhecer - Textos para um Novo Mapa . Teresa Rita Lopes. Lisboa: Estampa, 1990. - 54.

martes, junio 28, 2011

Crónica decorativa (Fernando Pessoa)

En 1914, Fernando Pessoa relató su encuentro con un profesor japonés a través de esta maravillosa crónica con humorístico tono y destellos de reflexión política, literaria y cultural. Fue publicada, por primera vez y en vida del poeta, el 12 de septiembre del mismo año en el semanario "O Raio" y posteriormente en el No. 1 de "O Jornal" el 4 de abril de 1915.

 

Fernando Pessoa

Crónica decorativa

CRÓNICA DECORATIVA

I

      La circunstancia humana de tener amigos hizo que ayer me ocurriese conocer al Dr. Boro, profesor de la Universidad de Tokio. Me sorprendió la realidad casi evidente de su presencia. Nnunca supuse que un profesor de la Universidad de Tokio fuese una criatura, o incluso una cosa real.

      El Dr. Boro —siento que me cuesta dorcorarlo— me pareció escandalosamente humano y parecido a la gente. Asestó un golpe que me esfuerzo porque no sea decisivo, en mis ideas sobre lo que es el Japón. Trajeábase a la manera europea y, al igual que cualquier profesor existente de la Universidad de Lisboa, llevaba la chaqueta sin cepillar. Aún así, por delicadeza, me di por enterado, durante dos horas, de su presencia cercana.

      Debo explicar que mis ideas sobre el Japón, sobre su flora y fauna, sobre sus habitantes humanos y las varias modalidades de vida que les son propias, se derivan de un estudio minucioso de numerosos jarrones y teteras. Por eso siempre creí que un japonés o japonesa sólo tendría dos dimensiones —y esa delicadeza con el espacio me causó siempre una afición rayana en la locura hacia aquel país económico de realidad. El profesor Boro es sólido, tiene sombra —varias veces obligué a mis ojos a comprobarlo— y además de hablar y hablar en inglés, coloca ideas y nociones comprensibles entre sus palabras. La circunstancia de que sus ideas no comporten ni novedad ni relevancia tan sólo consigue aproximarlo a los profesores europeos, pavorosamente europeos que conozco.

      Esto aparte, el profesor Boro tiene movimiento, se desplaza, no sé cómo, de un lado al otro, lo cual, visto por quien siempre tuvo al Japón por una nación de estampa inmóvil, suspendida y apenas real sobre la transparencia de la loza, resulta extremadamente ordinario y desilusionante

      Hablábamos de política internacional, de la guerra europea, y realizamos varias incursiones al través de los varios fenómenos literarios característicos de nuestra época. La ignorancia que el profesor Boro tenía del futurismo fue la única sustancia para limpiar la mancha de su realidad moderna. Pero, ¿existe algún profesor de alguna universidad europea que siga de cerca los movimientos del arte contemporáneo?

      Habida cuenta de los hechos que vengo explicando, se comprende que yo fuese avaro en preguntarle sobre el Japón. ¿Para qué? Él hubiera sido capaz de arrojar dentro de mi ignorancia una cantidad de cosas falsas. ¿Quién sabe si él se atrevería a insinuar en medio de la conversación, como cosa normalmente creíble, que en el Japón hay problemas económicos, dificultades de vida para las personas, ciudades con tiendas reales, campos con cosechas como las nuestras, ejércitos realmente parecidos a los de Europa y con execrables perfeccionamientos científicos para guerras verdaderamente contemporáneas? Y después de esto no dudaría en afirmar —con un cinismo que ni siquiera yo puedo medir— que en el Japón los hombres tienen relaciones sexuales con las mujeres, que nacen niños, que la gente de allá, en lugar de estar siempre vestida como las figuras de la cerámica japonesa, se viste y desviste com si fuese europea. Por eso no hablamos del Japón. Le pregunté al profesor si había tenido un buen viaje, y el cayó al decirme que no —como si a un estudioso como yo de la porcelana nipona pudiese admitir que existen viajes para los japoneses que, –¡delicioso pueblo!— ni siquiera se toman el trabajo de existir—. Las tazas se rompen, no sufren tormentas. La frase «una tempesta en un vaso de agua» o «en una taza», como dicen otros, es puramente europea.

      Hubo una frase (casual, quiero creer, en el profesor Boro) que me entristeció más que las otras.

      Hablabamos —yo, es claro, con el desprendimiento con que se tratan estos asuntos de hadas— de la influencia de los mecanismos sobre la psicología del obrero, cuando se sabe —claro está— que el obrero no tiene psicología. Y el profesor se refirió a los progresos industriales del Japón y añadió unas palabras, que me esforcé con un éxito a medias por no oír, sobre (creo) unos movimientos obreros en el Japón y un fusilamiento (supongo) de no sé qué jefe socialista. Yo hace tiempos —en una columna sin duda humorística de un diario— vi un telegrama de Tokio que hablaba de algo así; pero, además de no creer que desde Tokio se enviasen telegramas —dado que Tokio no tiene más de dos dimensiones—, nadie que como yo haya estudiado la psicología japonesa a través de tazas y platos admite ninguna especie de progreso en el Japón. Industrias japonesas, movimientos y jefes socialistas, y además fusilados, como cualquiera de los europeos que viven. Quien como yo conoce bien el Japón —el verdadero Japón de porcelana y errores en el dibujo— comprenden bien la incompatibilidad entre progreso, industria y socialismo, y la absoluta inexistencia de aquel país. ¡Socialistas japoneses! ¡Una contradicción flagrante, una frase sin sentido, como «círculo cuadrado»! ¡Si ni siquiera lo inexistente estuviese libre del socialismo! Aquellas figuras deliciosas, eternamente sentadas al lado de casas de su propio tamaño, a la orilla de lagos absurdos, de un azul imposible, más acá de montañas totalmente irreales —esas maravillosas figuras, con una perfecta y patriótica individualidad japonesa, no pertenecen, con seguridad, al horroroso mundo en que se progresa y donde sobre el artista recaen la morbidez de lo productivo y la barbarie de lo humanitario.

      ¡Y viene el profesor Boro, de la Universidad de Tokio, para querer cambiarme estas convicciones! No me las cambia. No es para ser engañado por la primera realidad que se aparece ante mis ojos que he gastado sosegados minutos en la contemplación científica y estéril de cuencos y tazas japonesas. Lo más probable, respecto a este Boro, es que él haya nacido en Lisboa y que se llame José. ¿Del Japón, él? ¡Nunca!

      ¿Si cuando menos encontrase japonesa su cara? Nada absolutamente. Basta decir que era real y que existió allí, delante de mí, durante dos dolorosas horas, en plena ocupación inestética de todas las dimensiones aprovechables (felizmente solo tres) del espacio auténtico. Su cara se parecía, es cierto, a algunas fotografías de «japoneses» que los diarios ilustrados trajeran hace años y que de vez en cuando, reincidiendo, traen; pero todo el mundo sabe lo que es el Japón por nunca haber ido hasta allí, sabe, en su corazón que aquello no son japoneses. Y, cual si fuera poco, esas ilustraciones eran principalmente de generales, almirantes y operaciones de guerra. ¿Cómo, por cierto, podría fotografiarse al Japón y a los japoneses? La primera cosa real que existe en el Japón es el hecho de estar siempre lejos de nosotros, estemos donde estemos. No se puede ir hasta allá, ni ellos pueden venir hasta nosotros. Concedo, si me fuerzan a ello, que existan un Tokio y un Yokohama. Pero no en el Japón, sino tan sólo en el Extremo Oriente.

      El resto de mi vida, de hoy en más, lo dedicaré escrupulosamente a olvidar al profesor Boro y que él —impronunciable absurdo— se sentó en la silla que está ahora, en su realidad de madera, al frente mío. Consideraré locura este hecho, tal vez alucinatorio, y me entregaré con asiduidad a no recordarlo más. ¡Un japonés verdadero aquí, hablando conmigo, diciéndome cosas que ni siquiera eran falsas o contradictorias! No. El se llama José y es de Lisboa. Hablo simbólicamente, está claro. Porque él pudo llamarse MacWhisky y ser de Inverness. Lo que sin lugar a dudas no era es un japonés real, y posible visitante de Lisboa. Eso nunca. De ese modo no habría ciencia, si el primer aparecido llegase para negar lo que nuestros asiduos estudios nos hicieran ver.

      ¿Profesor Boro, de la Universidad de Tokio? ¿De Tokio? ¡Nada de eso existe! Eso es una ilusión. Los inferiores a nosotros y los malos estudiantes construyeron, para no desorientarse, una Japón a la imagen y semejanza de Europa, de esta triste Europa tan excesivamente real. ¡Soñadores! ¡Alucinados!

      Me basta mirar aquella bandeja, empeñarme curiosamente en observar aquel servicio de té. ¡Que vengan después a hablarme de un Japón existente, un Japón real, un Japón guerrero! No es en vano que, a través de esfuerzos consecutivos, nuestra época ganó para sí el duro nombre de científica. ¡Japoneses con vida real, con tres dimensiones, con una patria con paisajes de colores auténticos! Falacias para entretenimiento del pueblo, pero que no engañan a quien ha estudiado...

CRÓNICA DECORATIVA

I

      A circunstância humana de eu ter amigos fez com que ontem me acontecesse vir a conhecer o Dr. Boro, professor da Universidade de Tóquio. Surpreendeu-me a realidade quase evidente da sua presença. Nunca supus que um professor da Universidade de Tóquio fosse uma criatura, ou sequer cousa, real.

      O Dr. Boro — sinto que me custa doutorá-lo — pareceu-me escandalosamente humano e parecido com gente. Vibrou um golpe, que me esforço por desviar de decisivo, nas minhas ideias sobre o que é o Japão. Trajava à europeia, e, como qualquer mero professor existente da Universidade de Lisboa, tinha o casaco por escovar. Ainda assim, por delicadeza, dei-me por ciente, durante duas horas, da sua presença próxima.

      Preciso explicar que as minhas ideias do Japão, da sua flora e da fauna, dos seus habitantes humanos e das várias modalidades de vida que lhes são próprias, derivam de um estudo demorado de vários bules e chávenas. Eu por isso sempre julguei que um japonês ou uma japonesa tivesse apenas duas dimensões- e essa delicadeza para com o espaço deu-me uma afeição doentia por aquele país económico de realidade. O professor Boro é sólido, tem sombra — várias vezes fiz com que o meu olhar o verificasse — e além de falar e falar inglês, coloca ideias e soluções compreensíveis dentro das suas palavras. A circunstância de que as suas ideias não comportam nem novidade nem relevo apenas o aproxima dos professores europeus, pavorosamente europeus, que conheço.

      Além disto o professor Boro tem movimento, desloca-se, não sei como, de um lado para o outro, o que, feito perante quem sempre teve o Japão por uma nação de quadro, parada e apenas real sobre transparência de louça, é requintadamente ordinário e desiludidor.

      Falávamos de política internacional, da guerra europeia, e fizemos várias incursões pelos vários fenómenos literários característicos da nossa época. A ignorância que o professor Boro tinha de futurismo foi a única benzina para a nódoa da sua realidade moderna. Mas há algum professor de alguma Universidade da Europa que siga de perto os movimentos da arte contemporânea?

      Dados os factos que venho explicando, compreende-se que eu fosse avaro de o interrogar sobre o Japão. Para quê? Ele era capaz de atirar para dentro da minha ignorância uma quantidade de cousas falsas. Quem sabe se ele se atreveria a insinuar pela conversa fora, como cousa normalmente acreditável, que no Japão há problemas económicos, dificuldades de vida para várias pessoas, cidades com lojas reais, campos com colheitas como as nossas, exércitos realmente parecidos com os da Europa e com execráveis aperfeiçoamentos científicos para guerras em verdade contemporâneas? Daqui ele não hesitaria talvez em me afirmar — com que cinismo nem eu meço — que no Japão os homens têm relações sexuais com as mulheres, que nascem crianças, que a gente de lá, em vez de estar sempre vestida como as figuras da louça japonesa, despe-se e veste-se como se fosse europeia. Por isso não tratámos do Japão. Perguntei ao professor se ele tinha tido uma boa viagem, e ele caiu em dizer-me que não — como se um estudioso como eu da porcelana nipónica pudesse admitir que há más viagens para os japoneses, que — delicioso povo! — nem sequer se dá ao trabalho de existir. As chávenas partem-se, não comportam tormentas. A frase «uma tempestade num copo de água» ou «numa chávena», como dizem outros, é puramente europeia.

      Uma frase houve (casual, quero crer, no professor Boro) que me magoou mais do que outra.

      Falávamos — eu, é claro, com o desprendimento com que se tratam estes assuntos feéricos — da influência dos mecanismos sobre a psicologia do operário, quando se sabe — claro está — que o operário não tem psicologia. E o professor referiu-se aos progressos industriais do Japão e acrescentou umas palavras, que me esforcei com metade de êxito para não ouvir, sobre (creio) movimentos operários no Japão e um fuzilamento (suponho) de não sei que chefe socialista. Eu há tempos — numa coluna sem dúvida humorística de um diário — vira em um telegrama de Tóquio constando qualquer cousa nesse tom; mas, além de não crer que de Tóquio se mandasse telegramas — visto Tóquio não ter mais do que duas dimensões —, ninguém que como eu tenha estudado a psicologia japonesa através das chávenas e dos pires admite progressos de qualquer espécie no Japão, indústrias japonesas, movimentos socialistas e chefes socialistas, ainda por cima fuzilados, como quaisquer europeus que vivem. Quem como eu conhece bem o Japão — o verdadeiro Japão, de porcelana e erros de desenho — compreende bem a incompatibilidade entre o progresso, indústria e socialismo, e a absoluta não existência daquele país. Socialistas japoneses! uma contradição flagrante, uma frase sem sentido, como «círculo quadrado»! Se nem o inexistente estivesse livre do socialismo! Aquelas figuras deliciosas, eternamente sentadas ao pé de casas do tamanho delas, à beira de lagos absurdos, de um azul impossível, aquém de montanhas totalmente irreais — essas maravilhosas figuras, com uma perfeita e patriótica individualidade japonesa, não pertencem decerto ao horroroso mundo onde se progride, e onde sobre o artista desabam a morbidez do produtivo e a barbárie do humanitário.

      E vem querer tirar-me estas convicções o professor Boro, da Universidade de Tóquio! Não mas tira. Não é para ser enganado pela primeira realidade que se me atira aos olhos que eu tenho gasto minutos distensos na contemplação científica e estéril de bules e chávenas japonesas. O mais provável, a respeito deste Boro, é que nascesse em Lisboa e se chame José. Do Japão, ele? Nunca.

      Se ao menos achei achei japonesa a sua cara? Absolutamente nada. Basta dizer que era real e existiu ali diante de mim, duas dolorosas horas, em plena ocupação inestética de todas as dimensões aproveitáveis (felizmente só três) do espaço autêntico. A sua cara parecia-se, é certo, com certas fotografias de «japoneses» que as ilustrações trouxeram há anos, e de vez em quando reincidindo trazem; mas toda a gente que sabe o que é o Japão por nunca lá ter ido, sabe de cor que aquilo não são japoneses. E, de mais a mais, essas ilustrações eram principalmente de generais, almirantes, e operações guerreiras. Ora é absolutamente impossível que no Japão haja generais, almirantes e guerra. Como, de resto, fotografar o Japão e os japoneses? A primeira cousa real que há no Japão é o facto de ele estar sempre longe de nós, estejamos nós onde estivermos. Não se pode lá ir, nem eles podem vir até nós. Concedo, se me forçarem a isso, que existam um Tóquio e um Iocoama. Mas isso não é no Japão, é apenas no Extremo Oriente.

      O resto da minha vida, doravante, será escrupulosamente dedicado a esquecer o professor Boro e que ele — impronunciável absurdose sentou na cadeira que está agora, na realidade de madeira, defronte de mim. Considero doentio esse facto, alucinatório talvez, e entrego-me com assiduidade a não me lembrar dele mais. Um japonês verdadeiro aqui, a falar comigo, a dizer-me cousas que nem mesmo eram falsas ou contraditórias! Não. Ele chama-se José e é de Lisboa. Falo simbolicamente, é claro. Porque ele pode chamar-se Macwhisky e ser de Inverness. O que ele não era decerto era japonês, real, e possível visitante de Lisboa. Isso nunca. Desse modo não havia ciência, se o primeiro ocasional nos viesse negar o que os nossos estudos assíduos nos fizeram ver.

      Professor Boro, da Universidade de Tóquio? De Tóquio? Universidade de Tóquio? Nada disso existe. Isso é uma ilusão. Os inferiores e cábulas de nós construíram, para se não desorientarem, um Japão à imagem e semelhança da Europa, desta triste Europa tão excessivamente real. Sonhadores! Alucinados!

Basta-me olhar para aquela bandeja, pegar cariciosamente com o olhar naquele serviço de chá. Depois venham falar-me em Japão existente, em Japão comercial, em Japão guerreiro! Não é para nada que, através de esforços consecutivos, a nossa época ganhou o duro nome de científica. Japoneses com vida real, com três dimensões, com uma pátria com paisagens de cores autênticas! Lérias para entretimento do povo, mas que a quem estudou não enganam...

1914
Ficção e Teatro. Fernando Pessoa. (Introdução, organização e notas de António Quadros.) Mem Martins: Europa-América, 1986 - 65.

1ª publ. in O Raio , nº 12. Lisboa: 12-9-1914

jueves, junio 23, 2011

Un fragmento de Raphael Baldaya (Astrôlogo em Lisboa)

Raphael Baldaya, un heterónimo (o seudónimo) que Fernando Pessoa utilizó para firmar muchos textos suyos de contenido filosófico, esotérico y astrológico, fue también el nombre que quiso utilizar Pessoa para establecerse como Astrólogo en Lisboa, llegando incluso a imprimir tarjetas de presentación para él. Hace varios años escribí una "semblanza" imaginaria —publicada en esta entrada del blog en 2007— de este personaje de quien hoy presento un breve texto poco conocido que contiene polémicas referencias (una cierta misoginia no compatible con otros heterónimos pessoanos, por ejemplo) y referencias a la teosofía.

 

Raphael Baldaya

A sociedade chamada Os Filhos da Índia

      La sociedad llamada Los Hijos de la India tiene(informa la sra. Bessant1) un artículo principal por el cual sus miembros están obligados a practicar todos los días un acto de dedicación2. A primera vista, esta idea parece noble, vigorizadora, incluso práctica. Un examen más cuidadoso, sin embargo, la despoja de rápidamente de esos atributos que nuestra precipitación descubrió en ella. Si practicar por lo menos un acto de dedicación por día fuese algo que costase, habría cuando menos la ventaja del desarrollo de la voluntad. Pero ocurre que la dedicación de las cosas más fáciles de este mundo. La mujer que es un ser inferior, está congénitamente dedicada, «sirve» por temperamento, en el sentido en que los teosofistas emplean este malogrado verbo. La Teosofía es un sistema creador de mujeres.
      La naturaleza, en cambio, es más sutil que los teosofistas. De tal modo se encuentran las cosas organizadas por ella en este mundo que servirse cada uno a sí mismo, completa, enérgica y competentemente es todavía el mejor medio para servir a los demás, queriéndose, incluso en el sentido altruista que los teosofistas dan a la palabra. Porque una voluntad fuerte puede ser mucho más útil que una voluntad debil.
      La Teosofía, en últimas, no pasa de ser un sistema de filosofía india que, por típicamente vago y laxo, se adapta perfectamente a la ciencia moderna, como, por cierto, se adaptaría por si acaso ella fuese precisamente al contrario, en cuanto a los principios en que se asentó.

      A sociedade chamada Os Filhos da Índia tem (informa Mrs. Besant) um artigo principal pelo qual os seus membros se obrigam a praticar todos os dias um acto de dedicação. À primeira vista, esta ideia parece nobre, vigorizadora, prática mesmo. Um exame mais cauto, porém, depressa [a] despe desses atributos que a nossa precipitação lhe descobriu. Se praticar pelo menos um acto de dedicação por dia fosse coisa que custasse, haveria ao menos a vantagem do desenvolvimento da vontade. Mas acontece precisamente que a dedicação das coisas mais fáceis deste mundo. A mulher que é um ser inferior, é ingenitamente dedicada, «serve» por temperamento, no sentido em que os teosofistas empregam este malogrado verbo. A Teosofia é um sistema criador de mulheres.
      A natureza, porém, é mais subtil que os teosofistas. De tal modo estão as coisas arranjadas por ela neste mundo que servir-se cada um a si, completamente, energicamente e competentemente é ainda o melhor meio de servir os outros, querendo-se, mesmo no sentido altruísta que os teosofistas dão à palavra. Porque uma vontade forte pode ser muito mais útil do que uma vontade fraca.
      A Teosofia, afinal, não passa de um sistema de filosofia indiana que, por tipicamente vago e lato, se adapta perfeitamente à ciência moderna, como, de resto, a ela se adaptaria se por acaso ela fosse precisamente ao contrário, quanto aos princípios em que assentou.

1Annie Bessant, teósofa y escritora de origen irlandés de quien Fernando Pessoa tradujo al portugués varias obras.
2Dedicación en el sentido de "desprendimiento del sí mismo en favor de otro o de una idea", más cercano en el uso cotidiano a la "consagración", pero igual mente contenido en la idea de "dedicación", por lo que conservo el cognado español de la palabra original portuguesa.

s.d.
Fernando Pessoa et le Drame Symboliste: Héritage et création. Maria Teresa Rita Lopes. Paris: F. C. Gulbenkian, 1977. - 512.

miércoles, junio 22, 2011

Fragmentos de Gaudêncio Nabos (Proto-heterónimo)

Algunos fragmentos del poco conocido personaje o proto-heterónimo pessoano Gaudêncio Nabos que nunca había, hasta hoy, visitado este blog. Quien hubiera sido parte de un proyecto dramático (muy posiblemente de carácter cómico) de Pessoa que tal vez sería intitulado "Ultimus Joculatorum" y en el que también participarían Cæsar Seek (Alexander Search), Ferdinand Sumwan (Sumwan=Some one=Person=Pessoa), Jacob Satan, Magdalena y Erasmus Dare. Esta pieza, tal vez nunca realizada o tal vez aún perdida entre los inéditos del baúl, apenas ha podido entreverse a través de los breves fragmentos publicados como presas de algunas cacerías de tesoros en la mítica Arca pessoana y, con suerte, alguna vez verán la luz en la Edição Crítica de la IN-CM.

 

Gaudêncio Nabos

Nabos was rude and liked to be rude

      Nabos era rudo y le gustaba serlo; preocuparía a un psicólogo descubrir la razón de este deseo. Parece extraño que cualquier ser humano sienta placer en resultar molesto... (...) El tenía pocos pacientes porque, como él mismo decía, un hombre ha de ser muy paciente para tenerlo a él como asistente médico... Bien puede cuestionarse cómo pudo mantener los pocos que tuvo con su reconocida excentricidad de decirle a ellos, después de examinarles, con un aire solemne y convencido: lo peor que puede acaecerle es morir. Hay algunos clichés que son aún más clichés, diría yo, en sus propias costumbres. Una vez más recuerdo el sentimiento de disgusto que me causó el una vez en la que (Aún yo no le conocía bien) me miró intensamente durante unos segundos y luego dijo con voz segura: Usted es consumidor, o (sentía yo frío y temor), o... o... o no lo es. Me miró asombrado, aliviado, medio-sorprendido, incluso medio-(...) con el rostro sin la menor sombra de una sonrisa. Le encantaba dar —descubrí luego— este tipo de impresiones. Pero aún no he dicho cómo fue que le conocí y cuáles fueron las circunstancias de ese encuentro.

      Nabos was rude and liked to be rude; it would worry a psychologist to discover the psychic reason of this desire. Is seems strange that any human being should delight in being unpleasant... (...) He had few patients, because, as he himself said, a man must be too patient to have him for medical assistant... Yet it may be questioned whether he kept the few he had with his amiable eccentricity of saying to them after examining them, with a solemn and convinced air: The worst that can be fall you is to die. There are some trite things that are too trite I will say, after his own manner. Again I remember the unpleasant feeling he gave me once when (I did not yet know him well) he looked at me intently for some seconds and then said in a sure voice : You are either consumptive, or (I felt cold and fearful), or... or... or not. He looked at my amazed, relieved, half-amused, yet half - (...) face without the shadow of a smile. He loved to give - I afterwards found - these kind of fright. But I have not yet said how it was that I met him and what were the circumstances of that meeting.

s.d. Pessoa por Conhecer - Textos para um Novo Mapa . Teresa Rita Lopes. Lisboa: Estampa, 1990. - 123.

 

Gaudêncio Nabos

Talking about innocent stories and such like,

      Hablando de historias inocentes y cosas similares, todos decían algo sobre un gran placer y cosas así, transformaciones de la voluptuosidad, sin duda, el Dr. Nabos tuvo esta frase extraordinaria:       «Algunas personas parecen no haberse dado cuenta de que una cortesana es una puta.»       Un idiota tardará en encontrar el punto de esta frase.

      Talking about innocent stories and such like, speaking all about a great pleasure and so on, transformations of voluptuosity, no doubt, Dr. Nabos had this extraordinary phrase:       «Some people seem to be unaware that a courtesan is a whore.»       A dull person will take some time to find the point of this phrase.

s.d. Pessoa por Conhecer - Textos para um Novo Mapa . Teresa Rita Lopes. Lisboa: Estampa, 1990. - 125.

 

Gaudêncio Nabos

Nabos at death-bed.

      Nabos en su lecho mortal. Todos llorando, etc. (...) «Allí donde hay vida, hay esperanza de vivir». Miré asombrado al Dr. para ver si tan estupenda pieza de sinsentido había provocado alguna alteración en su continencia, mientras la pronunciaba, pero su cara estaba seria y triste y su mirada, al encontrar la mía, ajena y preocupada. Tuve un deseo histérico de soltar la carcajada pero lo reprimí.

      Nabos at a death-bed. All weeping, etc... «Where there is life, there is hope of living». I looked up astonished at the Dr. to see if this stupendous piece of nonsense had provoked any alteration in his countenance, as he pronounced it, but his face was set and sad and his glance, as he met mine, unassumed and concerned. I felt a hysterical desire to burst out laughing but restrained it.

s.d. Pessoa por Conhecer - Textos para um Novo Mapa . Teresa Rita Lopes. Lisboa: Estampa, 1990. - 126.

 

Gaudêncio Nabos

It's a nice and glorious thing

      «Es cosa agradable y gloriosa haber estado en un naufragio o en una batalla; lo malo es que debiste estar en ellos para haber estado allí» Dr. Nabos.

      «It's a nice and glorious thing to have been at a shipwreck or at a battle; the worst is that you must be there to have been there» Dr. Nabos.

s.d. Pessoa por Conhecer - Textos para um Novo Mapa . Teresa Rita Lopes. Lisboa: Estampa, 1990. - 127.

sábado, junio 11, 2011

"Houve um ritmo no meu sono" (Fernando Pessoa)

Con fecha equivalente a la de hoy, 11 de junio, escribió Álvaro de Campos su famoso "Saudação a Walt Withman", de 1915, que traduje en este blog hace un año. En 1934, también un 11 de junio, escribió Fernando Pessoa el poema que presento a continuación:

 

Fernando Pessoa (11-06-1934)

Houve um ritmo no meu sono

Hubo un ritmo en mi sueño,
al despertarme lo perdí.
¿Por qué salí del abandono
de mí mismo en que viví?

No sé qué era lo que no era.
Sé que suave me arrulló,
como si el arrullo quisiera
tornarme otra vez quien soy.

Hubo una música que terminó
cuando desperté de soñar.
Mas no murió: persiste aún
en lo que me hace no pensar.

Houve um ritmo no meu sono,
Quando acordei o perdi.
Porque saí do abandono
De mim mesmo, em que vivi?

Não sei que era o que não era.
Sei que suave me embalou,
Como se o embalar quisera
Tornar-me outra vez quem sou.

Houve uma música finda
Quando acordei de a sonhar.
Mas não morreu: dura ainda
No que me faz não pensar.

11-6-1934
Poesias. Fernando Pessoa. (Nota explicativa de João Gaspar Simões e Luiz de Montalvor.) Lisboa: Ática, 1942 (15ª ed. 1995). - 203.

viernes, junio 10, 2011

Carta de Fernando Pessoa a los "magnetistas" franceses Hector y Henri Durveille

Traduzco y presento de nuevo en este espacio esta poco conocida pieza epistolar (infortunadamente incompleta en las fuentes que de ella conozco) que Fernando Pessoa escribiera en 1919 a los psiquiatras —"magnetistas"— franceses Hector y Henri Durville (padre e hijo).

Fernando Pessoa 10-06-1919

Señores Hector & Henri Durville,

23, rue Saint-Merri, Paris

Lisboa, 10 de junio de 1919

Señores:

Les ruego el favor de enviarme —por vuelta de correo, si es posible— vuestros catálogos completos, así como las reseñas del Instituto de Magnetismo y Psiquismo Experimental; y sobre todo, las relativas al curso por correspondencia de magnetismo personal.

Tal vez tengáis la bondad de brindarme las reseñas más completas si, de mi parte, os aclaro, desde ahora, cuál es mi pretensión y mis razones. Voy a daros los elementos de juicio por los que, sin duda, habréis de responderme. Inútil sería explicaros que todo esto no alude a cosa alguna más que mi pedido de las reseñas de vuestros cursos por correspondencia a los que he hecho alusión.

Quisiera desarrollar, lo más posible, aquello que posea de magnetismo personal, y quisiera desarrollarlo para dar, si esto pudiese hacerse, una coordinación direccional exterior a mi vida. Esto, así dicho, es un poco complicado, pero espero que ustedes lo encuentren claro después de las explicaciones que daré a continuación. Reseñaré para vosotros en primer lugar mi temperamento, en la medida de mis conocimientos (aunque muy precarios) respecto al magnetismo.

Desde un punto de vista siquiátrico, soy un histero-neurasténico, pero, felizmente, mi neuropsicósis es muy débil; el elemento neurasténico domina al elemento histérico, y esto hace que yo no tenga características histéricas exteriores —ninguna necesidad de mentira, ninguna inestabilidad mórbida en mis relaciones con los demás, etc.— Mi histeria no es más que interior, no es mucho más que eso: en mi vida íntima tengo toda la inestabilidad de sentimientos y de sensaciones, toda la oscilación emocional y de la voluntad que caracterizan a la neurosis proteiforme. Excepto en las cosas intelectuales respecto de las cuales he arribado a conclusiones que tengo por seguras, cambio de opinión diez veces al día; no tengo espíritu más que para aquellas cosas en las que no cabe la emoción. Sé que pensar en una determinada doctrina filosófica, o en un problema literario; no he tenido nunca una opinión firme sobre ninguno de mis amigos, sobre ninguna de mis actividades exteriores.

Cerebral interior [anterior en el original], por tanto, como la mayor parte de los nacidos neurasténicos, alcanzo casi siempre los resultados exteriores o dinámicos de dichas manifestaciones íntimas. Hace falta que yo esté muy fatigado o muy excitado, para que mi emotividad se despliegue en el exterior. Mi humor es, exteriormente, invariable: casi siempre estoy calmo y alegre ante los demás. En tanto que mis emociones, dado que están bajo control, no me caen mal; e incluso me gustan mucho porque son útiles para mi vida literaria que mantengo a la par de mi vida práctica. Cultivo también, con un cuidado un poco decadente, estas emociones tan vivas como sutiles que han conformado mi vida interior. No las quiero cambiar. El mal no está ahí.

Ya habréis notado, sin duda, cuál es mi punto débil; un temperamento tal como el que os he descrito, sufre profundamente, no por la emoción, ni por la inteligencia, sino por la voluntad. Esa voluntad sufre por la emoción y por la inteligencia; me refiero a la emoción porque la poseo. La emotividad excesiva nubla la voluntad; la cerebralidad excesiva — la inteligencia colmada de análisis y razonamiento— resquebraja y disminuye esa voluntad que la emoción ha turbado. De aquí la abulia. Siempre quiero hacer, a la vez, tres o cuatro cosas diferentes; pero en el fondo no solamente no las hago, sino que tampoco quiero hacerlas. La acción pesa sobre mí como una maldición; actual, para mí, es violentarme. Todo aquello que en mí es exclusivamente intelectual es muy fuerte, e incluso muy sano. La voluntad inhibidora, que es la voluntad intelectual, está muy cerrada en mí; tengo, a pesar de los fuertes llamados de la emoción, la fuerza de no hacer. Es la voluntad de acción, la voluntad hacia el exterior, la que me falta; es el hacer lo que se me dificulta.

Veamos bien el problema. La concentración es la substancia de toda voluntad. Yo no tengo concentración alguna más que la intelectual, es decir, más que en el razonamiento. Cuando razono, soy, absolutamente, el amo: ninguna emoción, ninguna idea ajena, ningún desarrollo accesorio de ese mismo razonamiento podría cambiar su fluir cerrado y frío. Pero cualquier otra concentración me es, o bien difícil o bien imposible.

Por lo tanto, es sólo por la aplicación centrífuga de esta voluntad centrípeta que me las arreglo ordinariamente para actuar con continuidad. Pero este procedimiento sólo es válido para ciertos tipos de acciones. Supóngase que se trata de escribir una carta bastante larga, una carta comercial complicada; siendo gerente para el extranjero de una casa comercial portuguesa es algo que debo hacer casi todos los días. No puedo hacerlo más que por una clasificación mental del contenido de la carta, una distribución racional de la materia por comunicar. Yo hago este trabajo muy rápido, y el proceso, en un caso como este, tiene la ventaja de ser lo mejor, puesto que la carta resulta mucho más clara y convincente. Imagine, sin embargo, que tratamos de aplicar este procedimiento a una acción pura, que no sea puramente literaria, como aquella. El resultado no es absurdo porque es nulo. La acción coordinadora deviene aquí, en efecto, inhibitoria, y la acción resultante es la de no actuar. No es posible la estrategia de dividirla en pequeñas acciones, no jugamos ajedrez con la realidad cotidiana.

No hace falta, sin embargo, exagerar la importancia de estas observaciones. No soy, para nada, un cadáver consciente. Pero mi voluntad de acción es insuficiente; lo es, sobre todo, si se la compara con mi voluntad de inhibición.

Este estado de ánimo, o más bien, de temperamento es (¿hace falta decirlo?) eminentemente desmagnetizador. Mi vida psíquica es una especie de curso de desmagnetismo personal. Veis entonces cuál es la razón que hace que os escriba y que os entregue estas consideraciones por demás largas y aburridas. Quiero desarrollar mi voluntad de acción, pero quiero hacerlo sin que mi emoción o mi inteligencia sufran con ello. Hasta donde sé, no existe un procedimiento de desarrollo de la voluntad que no anule la emoción ni atente contra la inteligencia, que no sea la cultura magnética (...).

Messieurs Hector & Henri Durville

23, rue Saint-Merri, Paris

Lisbonne, le 10 juin 1919

.Messieurs:

Je vous prie d'avoir l'obligeance de m'envoyer — par retour du courrier, si c'est possible — vos catalogues complets, ainsi que des renseignements sur l'Institut du Magnétisme et du Psychisme Expérimental, et surtout sur le cours par correspondance de magnétisme personnel.

Peut-être vous sera-t-il plus aisé de me donner des renseignements plus exacts, si, de ma part, je vous éclaircis, dès ce moment, sur ce que je veux et pourquoi. Je vais donc vous donner les éléments préliminaires dont vous aurez sans doute besoin pour me répondre. Inutile de vous expliquer que tout ceci n'a trait qu’à ma demande de renseignements sur le cours par correspondance, auquel je viens de faire allusion.

Je veux développer, autant que possible, ce que je puisse avoir de magnétisme personnel, et je veux le développer pour donner, si cela peut se faire, une coordination directionelle extérieure à ma vie. Ceci, ainsi dit, est un peu compliqué, mais j' espère vous le rendre clair au moyen des explications qui vont suivre. Je vous renseignerai d’abord sur mon tempérament, ensuite sur mes connaissances (d'ailleurs très faibles) ou sujet du magnétisme .

Au point de vue psychiatrique, je suis un hystéroneurasthénique, mais, heureusement, ma neuropsychose est assez faible; I'élément neurasthénique domine l'élément hystérique, et cela fait que je n'aie pas de traits hystériques extérieurs — aucun besoin du mensonge, aucune instabilité morbide dans les rapports avec les autres, etc. Mon hystérie n'est qu' intérieure, elle n'est que bien: à moi; dans ma vie avec moi-même j'ai toute l 'instabilité de sentiments et de sensations, toute l'oscillation d'émotion et de volonté qui caractérisent la névrose protéiforme. Excepté dans les choses intellectuelles où je suis arrivé à des conclusions que je tiens pour sures, je change d' avis dix fois par jour; je n'ai l'esprit assis que sur des choses ou il n'y [a] pas possibilité d'émotion. Je sais que penser de telle doctrine philosophique, ou de tel problème littéraire; je n'ai jamais eu d'opinion ferme sur n’importe [le]quel de mes amis, sur n'importe quelle forme de mon activité extérieure.

Cérébral intérieur [orig.: antérieure], pourtant, comme la plupart des neurasthéniques-nés, je maitrise presque toujours les résultats extérieurs, ou dynamiques, de ces manifestations intimes. II faut que je sois ou très fatigué, ou très ému, pour que mon émotivité se répande au dehors. Mon humeur est extérieurement égale: je suis presque toujours calme et gai devant les autres. En tant que telle, et parce qu'elle est sous contrôle, mon émotivité ne me fait pas de mal; je l´aime même beaucoup parce qu'elle m'est utile pour la vie littéraire que je mène à côté de ma vie pratique. Je cultive même, avec un soin un peu décadent, ces émotions autant vives que subtiles dont est faite ma vie intérieure. Je n'y veux rien changer. Le mal n´est pas là.

Vous avez sans doute déjà vu ou est le point faible; un tempérament tel que je vous l'ai décrit est atteint profondément, non dans l'émotion, non d ninguna de ellas. La acción pesa sobre mí como una maldiciónl´intelligence, mais dans la volonté. Cette volonté souffre de par l'émotion et de par l´intelligence; je me rapporte à l'émotion telle que je la possède. L'émotivité excessive trouble la volonté; la cérébralité excessive — I'intelligence trop éprise d'analyse et de raisonnement — écrase et amoindrit cette volonté que l'émotion vient de troubler. D'ou para et a-boulie. Je veux toujours faire, à la fois, trois ou quatre choses différentes; mais au fond non seulement je ne fais, mais je ne veux pas même faire, aucune d'elles. L'action pèse sur moi comme une damnation ; agir, pour moi, c'est me faire violence. Tout ce qui en moi est exclusivement intellectuel est très fort, et même très sain. La volonté inhibitrice, qui est la volonté intellectuelle, est très ferme en moi; j'ai, même sous des sollicitations très fortes de l'émotion, la force de ne pas faire. C'est la volonté d'action, la volonté sur l'extérieur, qui me manque; c'est faire qui m'est difficile.

Voyons bien le problème. C'est la concentration qui est la substance de toute volonté. Je n'ai de concentration qu'intellectuelle, c'est-à-dire, que dans le raisonnement. Quand je raisonne, je suis absolument maître: aucune émotion, aucune idée étrangère, aucun développement accessoire de ce même raisonnement n'en saurait troubler le cours ferme et froid. Mais toute autre concentration m´est ou difficile ou impossible.

Ainsi c'est seulement par l'application centrifuge de cette volonté centripète que je parviens ordinairement à agir avec continuité. Mais ce procédé n'est évidemment valable que pour certains types d'action. Supposez qu'il s'agit d'écrire une lettre assez longue, une lettre commerciale compliquée; étant le gérant pour l'étranger d'une maison de commerce portugaise c'est une chose que j´ai à faire presque tous les jours. Je ne peux le faire que par un classement mental du contenu de la lettre, que par une distribution raisonnée de la matière à communiquer. Je fais ce travail très vite, et le procédé, dans un cas tel que celui-ci, a l'avantage d'être le meilleur, car la lettre n'en est que plus claire et plus convaincante. Imaginez cependant que l'on tâche d'appliquer ce procédé à une action qui soit purement action, qui ne soit purement littéraire, comme celle-là! Le résultat n'en est pas absurde que parce qu'il est nul. L'action coordinatrice devient ici tout à fait inhibitive, et l´action résultante est de ne pas agir. Il n'y a pas de stratégie des petites actions; on ne joue pas des échecs dans la réalité quotidienne.

Il ne faut pas, toutefois, exagérer la portée de ces observations. Je ne suis pas tout à fait un cadavre conscient. Mais ma volonté d'action est insuffisante; elle l'est surtout si on la compare avec ma volonté d'inhibition.

Cet état de l´esprit, ou plutôt du tempérament est (est-il besoin de le dire?) éminemment démagnétisateur. Ma vie psychique est une espèce de cours de démagnétisme personnel. Vous voyez donc quelle est la raison qui fait que je vous écrive et que je vous fasse subir ces considérations assez longues et assez ennuyeuses. Je veux développer ma volonté d'action, mais je veux le faire sans que mon émotion ou mon intelligence aient de quoi se plaindre. A ce que j´en sais, il n'y a qu'un procédé de développement de la volonté qui n 'écrase pas l'émotion ni ne porte pas d´attente à l´intelligence: c'est la culture magnétique (...).

10-6-1919 Páginas Íntimas e de Auto-Interpretação. Fernando Pessoa. (Textos estabelecidos e prefaciados por Georg Rudolf Lind e Jacinto do Prado Coelho.) Lisboa: Ática, 1966. - 69.