martes, diciembre 11, 2018

Clarice Lispector: "Fernando Pessoa ayudándome"


El 9 de diciembre de 1977, murió, en Río de Janeiro, Chaya Pinkhasovna Lispector, Clarice, la notable escritora brasileña de origen ucraniano, autora de algunas de las mejores páginas de la literatura en lengua portuguesa del siglo XX. Con ocasión de los aniversarios de su nacimiento y de su muerte, recuerdo esta columna suya en la que refería una cita de Fernando Pessoa que bien vale agradecer (como hace ella) y a la que agrego su contexto en la escritura pessoana.


Fernando Pessoa ayudándome 


Noto algo extremadamente desagradable. Estas cosas que ando escribiendo aquí no son, creo, propiamente crónicas, pero ahora entiendo a nuestros mejores cronistas. Dado que ellos firman, no consiguen escapar a revelarse. Hasta cierto punto, nosotros los conocemos íntimamente. Y, en lo que a mí respecta, esto me desagrada. En la literatura de libros permanezco anónima y discreta. En esta columna estoy de algún modo dándome a conocer. ¿Pierdo mi intimidad secreta? ¿Pero, qué hacer? Es mía. Me parece que si escribiera sobre el problema de la superproducción de café en Brasil igual terminaría siendo personal. ¿Seré popular dentro de poco? Eso me asusta. Veré qué puedo hacer, si es que puedo. Lo que me consuela es la frase de Fernando Pessoa –que leí citada–: “Hablar es el modo más simple de volvernos desconocidos”.
Clarice Lispector  
(Crónica publicada el 21 de septiembre de 1968 en O Jornal do Brasil)
Traducción de Carlos Ciro

Original:
Fernando Pessoa me ajudando

Noto uma coisa extremamente desagradável. Estas coisas que ando escrevendo aqui não são, creio, propriamente crônicas, mas agora entendo os nossos melhores cronistas. Porque eles assinam, não conseguem escapar de se revelar. Até certo ponto nós os conhecemos intimamente. E quanto a mim, isto me desagrada. Na literatura de livros permaneço anônima e discreta. Nesta coluna estou de algum modo me dando a conhecer. Perco minha intimidade secreta? Mas que fazer? É que escrevo ao correr da máquina e, quando vejo, revelei certa parte minha. Acho que se escrever sobre o problema da superprodução do café no Brasil terminarei sendo pessoal. Daqui em breve serei popular? Isso me assusta. Vou ver o que posso fazer, se é que posso. O que me consola é a frase de Fernando Pessoa, que li citada: “Falar é o modo mais simples de nos tornarmos desconhecidos.”



La cita de Fernando Pessoa a la que alude Clarice Lispector es la frase inicial de un apunte sobre estética y literatura titulado “Balanza de Minerva”, publicado en edición de Georg Rudolf Lind y Jacinto do Prado Coelho (En: Pessoa, Fernando. Páginas de Estética e de Teoria Literárias. Lisboa, Ática, 1966), y dice así:


BALANZA DE MINERVA 

   Hablar es el modo más simple de volvernos desconocidos. Y ese modo inmoral e hipócrita de hablar al que se llama escribir, nos oculta más completamente de los otros y de aquella especie de otros a los que nuestra inconsciencia llama nosotros mismos. Por eso, si escribir, en el sentido de escribir para decir cualquier cosa, es un acto que tiene un sesgo de mentira y de vicio, criticar las cosas escritas no deja de tener su correspondiente aspecto de curiosidad mórbida o de futilidad perversa. Y, cuando la crítica también es escrita, se refina hasta hacerse repugnante su inmoralidad esencial. Se adhiere a ella la enfermedad de lo criticado –el hecho de existir por escrito–.

     Propiamente hablando, el único crítico de arte o de letras debe ser el psiquiatra; porque, a pesar de que los psiquiatras sean tan ignorantes y ajenos a los asuntos como son todos los demás hombres a aquello que ellos llaman ciencia, tienen, a pesar de todo, ante lo que viene a ser un caso de enfermedad mental, aquella competencia que consiste en que nosotros creamos que ellos la tienen. Ningún edificio de sabiduría humana puede erigirse sobre otros cimientos.

Fernando Pessoa, c. 1915
(Páginas de Estética e de Teoria Literárias. Lisboa: Ática, 1966: p. 42.)

Traducción de Carlos Ciro


Original:
BALANÇA DE MINERVA

     Falar é o modo mais simples de nos tornarmos desconhecidos. E esse modo imoral e hipócrita de falar a que se chama escrever, mais completamente nos vela aos outros e àquela espécie de outros a que a nossa inconsciência chama nós-próprios. Por isso, se escrever, no sentido de escrever para dizer qualquer coisa, é acto que tem um cunho de mentira e de vício, criticar as coisas escritas não deixa de ter um correspondente aspecto de curiosidade mórbida ou de futilidade perversa. E, quando a crítica é escrita também, requinta-se para repugnante a sua imoralidade essencial. Pega-se-lhe a doença do criticado — o facto de existir escrito.

     Propriamente, o único crítico de arte ou de letras deve ser o psiquiatra; porque, ainda que os psiquiatras sejam tão ignorantes e laterais aos assuntos como todos os outros homens daquilo a que eles chamam ciência, têm ainda assim, perante o que vem a ser um caso de doença mental, aquela competência que consiste em nós julgarmos que eles a tem. Nenhum edifício de sabedoria humana pode erguer-se sobre outros alicerces.



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